Derecho y traductología en la formación del traductor jurídico: una propuesta para el uso de herramientas de formación virtual
By Esther Monzó, Ph.D.,
Universitat Jaume I,
Castellón, Spain
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La
traductología es una disciplina de síntesis
que recoge aportaciones de muchos campos del saber tanto
en lo que se refiere a modelos conceptuales como a metodologías
de investigación. En la práctica de la traducción
y la interpretación sucede lo mismo. El profesional
requiere, para ejercer, conocimientos de diversos campos
y disciplinas. Cuando hablamos de traducción jurídica,
traducción económica, traducción científica,
traducción literaria, etc. hablamos de traducciones
que se enmarcan en el campo del derecho, de la economía,
de la ciencia, de la literatura, etc. Tratar, en cualquier
grado, los textos de estos campos requiere unos conocimientos
especializados. El profesional de la mediación no
puede en modo alguno separarse de esta exigencia. La responsabilidad
del traductor al enfrentarse a un texto debe llevarlo a
una comprensión excelente de lo que traduce para
poder transmitirlo a una nueva audiencia. En el caso del
traductor del derecho, la transmisión de información
se produce entre dos sistemas jurídicos diferentes,
y estos sistemas a veces incluso proceden de dos familias
jurídicas diferentes, donde las coincidencias entre
modos de organizar la experiencia humana, conflictos y posibles
soluciones son mínimas. Éste es precisamente
el caso de la traducción entre el inglés y
el catalán o el español. La tradición
civilista del derecho continental ha dado lugar a un ordenamiento
con diferencias muy notables respeto de los sistemas de
tradición anglosajona. Estas divergencias incrementan
y diversifican las necesidades del traductor en relación
con los conocimientos que conforman su competencia temática.
Por otro lado, los profesionales de la traducción
deben tener conocimientos sobre su propia disciplina que
les permitan sistematizar los problemas que les presenta
la práctica y remitirse a un marco común que
pueda aplicarse a casos concretos para resolver los problemas
de traducción. Como en todo proceso profesional,
el traductor sigue un esquema básico de análisis
de los problemas que se le plantean, inferencia de
la solución más adecuada en función
de los conocimientos que posee y de la situación
en la que se encuentra, y aplicación de la
solución diseñada al caso concreto que se
le presenta. Los conocimientos que constituyen la base de
su proceso profesional distinguen la solución que
propone de la que proponen otros perfiles profesionales
y deben permitirle, a partir de modelos conceptuales compartidos,
extraer soluciones concretas.
En la licenciatura en Traducción e Interpretación
de la Universidad Jaume I, tanto los conocimientos temáticos
como los traductológicos tienen un espacio propio
pero reducido en el currículo del traductor en formación.
La orientación práctica de la formación
que reciben nuestros estudiantes, con todas sus ventajas,
provoca que éstos no tengan hábitos de estudio
propios de materias que, como el derecho, tienen un componente
declarativo muy alto. A pesar de que se trabaja constantemente
con estos temas, no se incide en el aprendizaje memorístico
que requeriría una formación en derecho. Por
ello, a menudo, se orienta a los estudiantes hacia actividades
fuera del aula que les permitan adquirir o afianzar estos
dos grupos de conocimientos. Ante este diagnóstico
de la situación de nuestros estudiantes, seguí
un proceso básico de investigación en la acción
educativa y planifiqué como segundo paso una actuación
que se llevó a cabo en el curso 2006-2007 con un
grupo de estudiantes de los dos últimos cursos (tercero
y cuarto) de la titulación de Traducción e
Interpretación de la Universidad Jaume I. Tras esta
intervención, se evaluó el impacto en este
pequeño grupo para poder ampliar la acción
a todos los estudiantes del itinerario en el curso 2007-2008.
El proyecto de mejora educativa pretendía aprovechar
los entornos virtuales para poner a disposición del
estudiantado de la titulación en Traducción
e Interpretación actividades que guiasen su adquisición
de conocimientos sobre derecho y sobre traductología.
Dada la poca frecuencia con la que los estudiantes se enfrentan
a conocimientos temáticos declarativos en sus clases
de licenciatura, se hace necesario asociar valores positivos
a su adquisición, tanto del campo jurídico
como del campo traductológico. Con la intención
de motivar los estudiantes a adquirirlos, se planteó
diseñar una serie de actividades de aprendizaje que
combinasen el atractivo y la comodidad de los entornos virtuales
y sus ventajas tecnológicas con la satisfacción
y motivación que proporcionan las actividades de
autoevaluación, ya que permiten que el estudiante
sea consciente de una forma inmediata de su progresión.
Para conseguirlo, empleamos el aula virtual de la Universidad
Jaume I y en ella creamos dos cursos autónomos donde
los estudiantes pueden acceder a distintas actividades,
temporalizadas de acuerdo con la progresión de las
asignaturas de traducción jurídica. En este
artículo se presenta en primer lugar el diseño
conceptual de la iniciativa y, a continuación, el
esquema de actividades resultantes.
1. La competencia traductora
Como definición básica y sucinta de competencia
traductora profesional podríamos sugerir la capacidad
de ejecutar de forma eficaz y eficiente los encargos
de traducción. Se trata, por tanto, de un concepto
que intenta rendir cuenta de todo lo que permite traducir
de la mejor forma posible. Con el advenimiento en Europa
de los tiempo de la convergencia europea (desde la Declaración
de Bolonia de 1999), la competencia profesional
es, además, el concepto que marca la evolución
de la formación universitaria. El Documento-Marco
sobre la Integración del Sistema Universitario
Español en el Espacio Europeo de Enseñanza
Superior (Ministerio de Educación, 2003) expone:
Los objetivos formativos de las enseñanzas
oficiales de nivel de grado deben tener, con carácter
general, una orientación profesional, es decir,
deben proporcionar una formación universitaria
en la que se integren armónicamente las competencias
genéricas básicas, las competencias
transversales relacionadas con la formación
integral de las personas y las competencias más
específicas que posibilitan una orientación
profesional que permita a los titulados una integración
en el mercado de trabajo [...]. Estas titulaciones
se deben diseñar en función de unos
perfiles profesionales con perspectiva nacional y
europea y de unos objetivos que deben hacer mención
expresa de las competencias genéricas, transversales
y específicas (conocimientos, capacidades y
habilidades) que se plantean alcanzar.
El documento recoge dos tipos básicos de competencias,
que son:
- Competencias genéricas o transversales,
que preparan el estudiante para vivir en la sociedad
actual (herramientas de trabajo intelectual, de relación
con la sociedad y de adaptación a entornos
cambiantes).
- Competencias específicas, las propias
de la disciplina en que se forma el estudiante.
El concepto de competencia en este contexto, y el que
se está abriendo paso en la nueva programación
del espacio europeo (González y Wagenaar, 2003:
79-80), es la integración de conocimientos teóricos
y aplicados, aptitudes, destrezas y responsabilidades
que permiten conocer y comprender, actuar y ser de manera
que puedan ejecutarse con suficiencia las tareas requeridas.
En el ámbito de la traductología, la
competencia traductora es, como objeto de estudio,
un interés con una presencia notable en la bibliografía
especializada. Los estudios que permiten tratarla aisladamente
y diferenciarla, sobretodo, de la competencia lingüística
empiezan entre la década de los setenta y de
los ochenta (Wilss, 1976, Harris y Sherwood, 1978, Delisle,
1980, Lowe, 1987) y adoptan prioritariamente desde los
inicios enfoques cognitivos, dado que la competencia
se estudia a partir de la traducción como proceso
(la mente del traductor) y no como producto (el texto
traducido). Las propuestas han ido incorporando complejidad
y la bibliografía se afirma año tras año
(Toury, 1984, Tirkkonen-Condit, 1989, Bell, 1991, Kussmaul,
1995, Tricàs i Preckler, 1995, Alves dos Santos,
1997, Shreve y Koby, 1997, Risku, 1998, Hurtado Albir,
1999a, Neubert, 2000, Orozco Jutorán, 2000, PACTE,
2000, Presas, 2000, Schäffner y Adab, 2000, Agost
y Monzó, 2001, Künzli, 2001, Kelly, 2002,
Alves dos Santos, 2003, PACTE, 2003, Pym, 2003, PACTE,
2005). En estos momentos, los avances en la definición
y descripción del concepto son notables y, entre
estas investigaciones, queremos destacar la del grupo
PACTE, de la Universidad Autónoma de Barcelona,
que se ha dedicado con intensidad y, en cerca de una
década, ha presentado un amplio desarrollo del
concepto a través de metodologías de investigación
experimental.
Para PACTE, la competencia traductora es el sistema
subyacente de conocimientos necesarios para traducir
(PACTE, 2001: 39, 2005: 610) y se puede entender como
la interrelación de un conjunto de subcompetencias.
Los distintos componentes de la competencia traductora
están interrelacionados y es precisamente la
combinación de todos ellos (Pym, 1992, Neubert,
2000), y no las subcompetencias particulares, la que
distingue la traductora de otros perfiles de competencia
profesional. Esta importancia de la combinación
frente a la mera presencia permitiría que un
traductor pueda ejercer con éxito pese a tener
deficiencias notables en alguna de las subcompetencias
(Mayoral Asensio, 2001: 111).
Los avances en la definición y la descripción
de las distintas subcompetencias nos ayudan a programar
la formación del traductor con mucha más
confianza y a guiarlo en el proceso de desarrollar conocimientos,
destrezas, habilidades y actitudes que lo lleven a ejecutar
con éxito la tarea que la sociedad en general
y su campo profesional en particular le demandan. En
el proyecto que expongo en este artículo, partí
de una revisión de los modelos existentes sobre
la que planteé un modelo de subcompetencias adecuado
para la traducción jurídica. A partir
de aquí, el proyecto se centró en dos
subcompetencias necesarias pero auxiliares en las asignaturas
involucradas: la competencia temática (en el
campo del derecho) y la competencia traductológica.
Figura
1
Figura 1. Componentes de la competencia experta en
traducción
2. La competencia temática: conocimientos
operativos del derecho, desde una perspectiva comparada
En el modelo utilizado, a diferencia de otros, la competencia
temática aparece separada de la competencia extralingüística.
Esta distinción se fundamenta en la propuesta
de Kelly (2002), quien sugiere separar los conocimientos
culturales de los conocimientos temáticos. Aunque
podemos entender que la cultura abraza los conocimientos
enciclopédicos, sociales y también los
temáticos, puede resultar útil programar
el aprendizaje teniendo en cuenta objetivos distintos
y progresiones diferentes para los conocimientos vinculados
a los diferentes ámbitos de especialización
(frente a otros conocimientos culturales).
En el caso de la traducción jurídica,
el papel de la competencia temática dentro de
la competencia traductora profesional ha sido objeto
de debate en la disciplina (Engberg, 2002, Mayoral Asensio,
2005). En el proyecto, se observa, por una parte, las
competencias que deben poner en práctica los
juristas y, por otra, las que se requieren para gestionar
conocimientos especializados. La figura 2 sintetiza
las competencias que deberá adquirir quien practica
el derecho (Borja Albi, 2005), y que son diferentes
de los conocimientos operativos de esta disciplina que
requiere el traductor (Valderrey Reñones, 2002).
Figura
2
Figura 2. Componentes de la competencia experta en
derecho
Adquirir estas competencias en el caso de los traductores
del derecho sería tan innecesario como poco rentable.
Los profesionales de la traducción jurídica
tienen unas necesidades marcadas por el método
de trabajo que desarrollan y que esquematizo de la siguiente
forma como propuesta para el diseño de actividades
de formación:
Figura
3
Figura 3. Modelo de método de trabajo desarrollado
para la traducción jurídica
Para la comprensión del texto, el traductor
requiere conocimientos conceptuales y textuales; conocimientos
traductológicos en las actividades de transferencia;
y conocimientos conceptuales y textuales sobre el tema
tratado, de nuevo, en la expresión del texto
traducido, o texto meta. Los conocimientos temáticos,
por tanto, son los relacionados con el texto original
(que el traductor debe poder comprender) y con el texto
meta (al que el traductor trasvasa el contenido semántico,
pragmático y estilístico del texto original
de acuerdo con el sistema de prioridades definido),
que, como comentábamos al inicio de esta contribución,
se enmarcan en dos sistemas jurídicos (quizá
también familias jurídicas) diferentes:
Figura
4
Figura 4. Conocimientos operativos del derecho, desde
una perspectiva comparada
Es necesario organizar los conocimientos de forma sistemática
para poder aplicarlos y entender las relaciones que
se establecen entre ellos, pero también para
poder relacionar conocimientos y casos nuevos en el
momento en que el futuro traductor se enfrente a los
encargos de su actividad profesional. Esta idea fue
la que guió la selección de contenidos
jurídicos para las actividades de formación
virtual que se pretendían diseñar.
3. Selección de contenidos de derecho
para traductores
Las competencias que hemos tratado en el epígrafe
anterior serían el objetivo final de todo programa
de formación y se desplegarían en un programa
docente a través de los objetivos generales,
intermedios y específicos (cf. Hurtado Albir,
1999b). Con una estructuración básica,
competencias y objetivos serían el porqué
de la enseñanza (el estudiante de traducción
aprende para ejercer), mientras que los contenidos y
su ubicación temporal en la formación
del futuro traductor serían el qué
y el cuándo. Los contenidos que se plantean
a los estudiantes están disponibles en un aula
virtual durante todo el curso. Con todo, se les dirige
a ellas tanto en las asignaturas de traducción
jurídica, donde se indica a los estudiantes qué
contenidos podrían desarrollar oportunamente
sus destrezas, como en las tutorías, en las que
las recomendaciones se ajustan al perfil personal de
los estudiantes, a sus puntos fuertes y débiles.
En cuanto a los contenidos temáticos, hemos
seleccionado, por una parte, una serie de conocimientos
básicos para la traducción jurídica.
Por otra, hemos querido incidir en unas destrezas clave
que permiten que el futuro traductor lleve a cabo con
eficacia el proceso descrito.
| Contenidos
básicos |
Destrezas
básicas |
- Grandes sistemas jurídicos
- Las ramas del derecho con mayor volumen de
traducción
- Los agentes del derecho
|
- Identificación de conceptos
- Rigor interpretativo
- Gestión de la densidad conceptual
|
Esta selección, se estructura en los temas que
se muestran en la figura 5.
Figura
5
Figura 5. Contenidos de derecho seleccionados
4. La competencia traductológica: conocimientos
traductológicos operativos
La denominación de la competencia traductológica
es un término encuñado por el grupo PACTE,
ya mencionado. La definición de los contenidos,
pese a ello, se ha adoptado de otras reformulaciones
(Monzó, 2006) en función de los intereses
propios de nuestro equipo, con la intención de
favorecer la formación específica en traducción
jurídica. Desde esta definición, la competencia
traductológica engloba, además de conocimientos
explícitos de técnicas, metodologías
y estrategias de traducción, otros sobre la práctica
profesional. Este conocimiento del ejercicio
profesional debería hacer referencia a la estructura
social, a lo que se entiende por traducción en
una determinada cultura, las posibilidades de actuación
de los traductores, las expectativas de los clientes,
las consideraciones de los encargos, las necesidades
y vías de mejora social, etc. En esta misma subcompetencia
podríamos situar los conocimientos, destrezas
y habilidades que se actualizan en las relaciones interpersonales
y que permiten a los traductores interactuar con clientes,
autores, expertos de otros ámbitos y trabajar
en equipo con otros colegas (Kelly, 2002).
De cara al diseño de objetivos de aprendizaje,
habría que incluir también los conocimientos,
habilidades, destrezas y actitudes necesarias para gestionar
proyectos de traducción, tanto por la necesidad
del mercado profesional como por la del colectivo profesional.
En el desarrollo de una profesión, pasa a ser
esencial que la élite administrativa (los cargos
intermedios de supervisión) que controla y gestiona
diariamente el trabajo de los profesionales forme parte
del mismo grupo, comparta la misma formación
y pueda interpretar los problemas desde la misma visión
que tienen quien los solucionan (Freidson, 2001). Gestionar
el trabajo de traducción atendiendo a parámetros
traductológicos sería una reivindicación
profesional que empieza ya a dar frutos y para la que
las universidades necesitan formar a los licenciados.
Esta redefinición de la subcompetencia traductológica
quedaría descrita como la integración
de las capacidades siguientes:
- Capacidad para aplicar las herramientas intelectuales
de la disciplina: conocer las opciones metodológicas
y técnicas, las modalidades de traducción,
la terminología propia, etc.
- Capacidad para ejercer desde el profesionalismo:
entender los encargos de traducción, las situaciones,
las expectativas de los clientes, las relaciones del
traductor con otros agentes productores y receptores,
las reivindicaciones del grupo y las posibilidades
de actuación individual.
- Capacidad para relacionarse en sociedad: habilidades
para interactuar con clientes, autores, expertos de
otros ámbitos, para trabajar en equipo con
otros traductores, para gestionar equipos de traductores.
5. Selección de contenidos traductológicos
para futuros profesionales
De acuerdo con el modelo de proceso de trabajo en traducción
jurídica diseñado, se han seleccionado
una serie de conocimientos vinculados a la competencia
traductológica que se consideraron necesarios
como refuerzo y complemento de las asignaturas de la
titulación. Los conocimientos son los que recoge
la figura 6 y hacen referencia a conceptos generales
de la práctica, a conocimientos formales sobre
las traducciones, a las destrezas intelectuales y las
competencias comunicativas vinculadas al ejercicio,
y también a otras destrezas profesionales vinculadas
con las tecnologías y el mercado. En la última
revisión de contenidos, la sistematización
ha quedado de esta forma, pese a que no tiene más
pretensión que ser un modelo de trabajo:
Figura
6
Figura 6. Conocimientos traductológicos operativos
para la práctica de la traducción jurídica
A partir de esta conceptualización, se ha desarrollado
un temario de diez unidades que se muestra en la figura
7.
Figura
7
Figura 7. Contenidos traductológicos seleccionados
6. Estructuración y diseño de
actividades
En cuanto a la segunda cuestión, el cuándo
de la enseñanza, se han estructurado los contenidos
que se ponen a disposición del estudiantado en
dos aulas virtuales diferentes. En la primera se sirven
los contenidos más afines con las asignaturas
de tercer curso de la titulación (estructurada
en cuatro años), mientras que las que serían
auxiliares de las asignaturas del último curso
de la licenciatura.
Las actividades se han ofrecido siempre que ha sido
posible en forma de cuestionario autocorrectivo, para
que el estudiantado contase con completa autonomía
en el seguimiento de las actividades. A menudo, se incluyen
enlaces a recursos en línea y bibliográficos
que pueden completar los contenidos que se sirven, de
forma que el estudiantado no se sienta limitado a las
actividades del Aula Virtual (http://aulavirtual.uji.es).
La figura siguiente muestra un ejemplo de actividad
de contenido jurídico. La estructura es la de
un archivo de diapositivas con nociones llave que se
trabajan en asignaturas troncales. Después de
la proyección de las distintas diapositivas,
el estudiante debe contestar correctamente una pregunta
por poder continuar con la presentación.
Figura 8. Ejemplo de actividad vinculada a contenidos jurídicos
La figura 9 muestra un ejemplo de actividad vinculada
a contenidos traductológicos.
Figura
9
Figura 9. Ejemplo de actividad vinculada a contenidos
traductológicos
7. Evaluación y perspectivas
Las asignaturas de traducción jurídica
de la Licenciatura en Traducción e Interpretación
deben ofrecer al futuro traductor herramientas y conocimientos
para trabajar con condicionantes específicos. Sin
ser un agente social que ejecuta el derecho, el traductor
de esta especialidad necesita una competencia operativa
para entender y hacer entender unos contenidos desarrollados
por agentes especializados que interpretarán, al
recibir la traducción, otros agentes especializados
que se insertan en una tradición diferente. Desde
hace años, el grupo de investigación GITRAD
(www.gitrad.uji.es) intenta poner en marcha iniciativas
que nos permitan ofrecer esta formación a unos
estudiantes que la requieren como base por poder acometer
las tareas de traducción. Se proponen lecturas
obligatorias y optativas en derecho y traducción,
se ofrecen cursos propios en materias imprescindibles
del derecho, se proyectan películas de temática
jurídica, y también se ofrecen textos didácticos
para que el estudiante adquiera los conocimientos de forma
autónoma. La densidad del lenguaje y de los conceptos
que éste transmite, la redacción y la tradición
que envuelve plantean a los estudiantes retos a los que
no están acostumbrados. Por ello, el diseño
de los programas de estas asignaturas debe representar
el peso que los componentes actitudinales tienen en la
adquisición de la competencia temática y
las metodologías deben permitir constatar que el
estudiante va adquiriéndola a un ritmo ajustado
al resto de asignaturas, aunque se planteen las actividades
como formación autónoma.
Por otro lado, solucionar los problemas del trasvase
intercultural de información jurídica requiere
unas herramientas intelectuales que se inscriben dentro
del campo de la traductología. En las asignaturas
de traducción jurídica se explicitan conceptos
vinculados a los géneros textuales, a la investigación
terminológica, a los procedimientos de traducción,
al análisis textual, etc. pero la mayoría
de estudiantes requiere un trabajo específico con
los conceptos, aunque su función en algunos casos
se limite a recordar contenidos de materias teóricas
que ya han cursado.
Por los condicionantes mencionados, tanto la subcompetencia
temática como la traductológica se prestan,
en un curso de traducción jurídica, a la
formación virtual autónoma. Con los contenidos
y las actividades diseñadas en este proyecto, se
cuenta con un apoyo básico. Con todo, se espera
ampliar los propósitos iniciales del curso, tanto
en lo que respecta al número de estudiantes beneficiario
como a la cantidad de materiales y temas incluidos. Siguiendo
con el espíritu de la investigación en la
acción educativa, el proyecto no se ha programado
de modo lineal, sino que pretende mejorar la experiencia
de los estudiantes a través de la intervención
y, al mismo tiempo mejorar, esa intervención a
partir del trabajo con los beneficiarios de la acción.
Se trata, al fin y al cabo, de una investigación
intersubjetiva que se plantea desde un paradigma activo,
que legitima la intervención de los investigadores
en la realidad que estudian, tanto la realidad profesional
(Monzó, 2005) como la formativa (de Terra y Sawyer,
1998, Kiraly, 2001, Sawyer, 2004, de Manuel, 2007), y
que se permite modificar modelos y metodologías
a medida que avanza, con el único fin de servir
del mejor modo posible a la comunidad hacia la que se
dirige.
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Published - September 2008
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