“Con mala escoba mal se barre”:
los problemas de la localización de productos informáticos no internacionalizados
By
Itziar
Bernaola, Ana Isabel Morales e Irune Payros,
Traductoras - Intérpretes,
Universidad del País Vasco, Spain
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Resumen
En
este artículo estudiamos los graves problemas
a los que se enfrenta la traductora-localizadora1
a la hora de traducir-localizar un producto informático
mal internacionalizado. Tras definir los conceptos
claves de internacionalización y localización,
se hace un repaso de los mencionados problemas, haciendo
uso de ejemplos reales. Se proponen tres posibles
orígenes de los problemas: (1) un diseño
rígido que responde a las características
de una lengua concreta y no tiene en cuenta que las
lenguas tienen estructuras diferentes, además
de privar a la traductora del contexto, imprescindible
para su trabajo; (2) la deficiente calidad de la lengua
original utilizada, que trae como consecuencia textos
de difícil comprensión, incoherencia
terminológica y fraseológica, polisemia
y sinonimia innecesarias etc.; y (3) un diseño
del interfaz inadecuado y rígido, que no permite
a la traductora-localizadora adaptar sus elementos
a las necesidades concretas del idioma de destino.
Abstract
This
paper explores some of the problems translator-localizers
face when trying to translate-localize software that
has not been properly internationalized. After defining
the key concepts of internationalization and localization,
the paper goes on to discuss, with the aid of real
examples, the main causes for those problems: (1)
a rigid software design that does not account for
the different structures of the languages involved
in the localization process, and deprives translators-localizers
from the contextual information essential to their
work; (2) the poor quality of the source language,
resulting in obscure texts, terminological and phraseological
incoherence, unnecessary polysemia and synonymia etc.;
and (3) an inadequate interface design, whose inflexibility
does not allow the translator-localizer to adapt the
interface elements to the particular needs of the
target language.
Situación
1: diálogo sabroso
A:
Por favor, tradúzcame esta lista. Son los meses
del año.
B:
їLos meses? Y їen qué texto van a aparecer?
A:
No, en ningún texto. Es para una base de datos.
Usted
tradúzcalo, nosotros nos encargaremos del resto...
B:
Vale: enero: urtarrila; febrero: otsaila...
A:
Y los días de la semana también. Ya
sabe: lunes, martes...
Situación
2: perla publicada en Internet
Asteartea,
15 de ekaina de 20062
Introducción
Cuando
el material de trabajo al que se enfrenta la traductora
no es un texto corriente sino una aplicación
informática, la tarea a realizar no es una
traducción, sino la localización del
producto. Por supuesto, esa labor incluirá
la traducción de cadenas de texto, pero la
localización implica mucho más que la
mera traducción: consiste en adaptar el producto
informático a las características y
necesidades de la lengua y la cultura de destino.
Sin
embargo, para que la traductora3
pueda realizar su trabajo correctamente, es decir,
para que pueda localizar el producto, es imprescindible
que quienes lo diseñaron, es decir, las informáticas,
tengan en cuenta en la fase de diseño la labor
que más tarde deberá realizar aquella,
y, para ello, es necesario que internacionalicen previamente
el producto en cuestión.
A
decir verdad, si bien los términos internacionalización
y localización surgieron en el ámbito
del software, estos conceptos pueden aplicarse en
cualquier ámbito. Antes de entrar en materia,
vamos a explicar más detalladamente, y con
la ayuda de ejemplos, en qué consisten estos
dos procesos.4
1.
Internacionalización (I18N)
Consiste
en diseñar y fabricar un producto "neutro"
fácilmente adaptable a las estructuras particulares
de cada lugar (una de estas adaptaciones es la del
idioma, pero no es la única, ni mucho menos).
Para que un producto pueda ser utilizable en más
de una lengua o cultura, es necesario que la diseñadora
no lo vincule a las particularidades de un determinado
lugar. Por ejemplo, no lo podrá diseñar
de acuerdo con las estructuras de una lengua determinada:
la configuración del producto habrá
de ser genérica, independiente de cualquier
idioma. Un producto bien internacionalizado tendrá
una única configuración básica,
que será fácilmente adaptable a las
estructuras de diversas culturas y lenguas.
Para
ofrecer una perspectiva más amplia que la meramente
lingüística, veamos un ejemplo de Ulrich
Henes (Henes 2002) relativo a la fabricación
de automóviles. Cuando se diseña un
vehículo se definen únicamente sus características
básicas, es decir, los rasgos comunes que mantendrá
en las diversas versiones de todos los lugares en
que se comercialice. Dicho de otro modo: aunque el
vehículo se diseñe en Alemania, si los
fabricantes desean comercializarlo también
en Gran Bretaña, habrán de tener en
cuenta que deben dejar abierta la posibilidad de situar
el volante y el resto de instrumentos en la parte
derecha. Es decir, no podrán diseñar
una estructura rígida dependiente de las características
que el producto tendrá en Alemania. La base
de la internacionalización, por tanto, es tener
en cuenta las necesidades de todos los clientes potenciales
desde el principio del proceso. Si se diseña
un producto rígido, que responde únicamente
a las necesidades de un determinado lugar, será
difícil, y a veces imposible, adaptarlo a otras
características distintas. En consecuencia,
el producto quedará fuera de algunos mercados,
o, en el mejor de los casos, se necesitará
un gasto extra para poder hacer adaptaciones a posteriori
(mas bien "remiendos") a ese objeto rígidamente
diseñado, con lo que la producción se
alargará y encarecerá.
2.
Localización (L10N)
Consiste
en la adaptación de un producto a las características
locales, para poder ofrecer a los clientes de cada
cultura o idioma productos que no les resulten extraños
o incómodos, es decir, para que sean tales
como si hubieran sido creados en su propia cultura
o idioma. Continuando con el ejemplo de Henes (Henes
2002), significaría colocar el volante a la
derecha en el automóvil que se va a comercializar
en el Reino Unido, o, por ejemplo, fabricar un vehículo
que cumpla con la legislación vigente en un
país determinado sobre las emisiones de CO2
a la atmósfera.
En
el caso de los productos informáticos, la localización
exige, entre otras cosas, la traducción de
cadenas de texto, la adaptación de los formatos
de fecha, la adecuación de la longitud de las
cajas de texto, la distribución de las imágenes
en los lugares adecuados o la selección de
las imágenes y colores apropiados a cada lugar
(los tabúes y los símbolos varían
de una cultura a otra; el color que en una cultura
representa el luto puede significar alegría
en otra), cambio de orden de los elementos etc.5
Es
importante comprender que la internacionalización
de los productos informáticos implica que el
código fuente ha de programarse independientemente
del idioma, lo que significa que no contendrá
palabras, sino caracteres "comodín",
a los que después, en la fase de localización,
se les asignarán valores determinados, es decir,
serán sustituidos por las palabras correspondientes
de cada idioma concreto.
Veamos
un ejemplo de lo que no debe hacerse.6
Una aplicación informática se ha diseñado
tomando como punto de partida el castellano y la estructura
de la fórmula para expresar la dirección
postal en un formulario se ha definido así:
| "Tipo
de vía" |
+ |
"nombre
de la vía" |
De
esta forma, cuando los valores correspondientes sean
insertados en los campos, en español se generará
el texto siguiente:
|
Avenida |
|
Agirre |
| (campo
1) |
+ |
(campo
2) |
Si
quisiéramos localizar este programa para su
uso en Gran Bretaña, por ejemplo, la traductora
tendría que tener en cuenta que tal fórmula
no es correcta para expresar la dirección en
inglés, ya que generaría resultados
del tipo:
Para
corregir esa estructura agramatical, la traductora
debería modificar el orden de los campos. El
problema es que eso no está siempre a su alcance:
si el orden de los campos se ha diseñado de
forma inamovible en la fase de diseño de la
aplicación, la traductora únicamente
podrá traducir los datos que figurarán
en cada uno de los campos (en este caso calle=Street),
pero la estructura que se genere será forzosamente
incorrecta, ya que lo que el usuario verá en
la pantalla será *Street Oxford.
Por
tanto, para poder localizar los productos, es imprescindible
que previamente sean internacionalizados. La localización,
en realidad, comienza cuando el proceso de desarrollo
del producto está terminado. Es cierto que
ambas tareas, la de diseño y la de localización,
pueden ir realizándose de forma paralela, pero
para que se haga con éxito la gestión
del proyecto ha de ser excelente y extremadamente
detallada (Ottmann 2003). Ni que decir tiene que esa
situación está muy lejos de la experiencia
cotidiana de la mayoría de las traductoras.
CONSECUENCIAS DE UNA INTERNACIONALIZACIÓN DEFECTUOSA
Resulta
evidente, pues, que un producto mal internacionalizado
(o no internacionalizado en absoluto) acarreará
verdaderos dolores de cabeza a la traductora. Se enfrentará
a grandes obstáculos (a veces insuperables)
para realizar su trabajo, y su labor tendrá
un enorme coste en tiempo y energía, teniendo
en cuenta, además, que por lo general el resultado
dejará mucho que desear. Ottmann (Ottmann 2003)
ha cuantificado las consecuencias de esos fallos de
diseño en lo que se refiere a la traducción-localización:
- La
traductora invierte el %10 de su tiempo en
aclarar lo que no comprende del texto original.
- El
%80 de los problemas que encuentra y de las
consultas que ha de realizar la traductora se debe
a contradicciones o imprecisiones terminológicas
del original.
En
este artículo nos ocuparemos de los problemas
de la localización de productos informáticos,
y trataremos de exponer los principales fallos de
internacionalización que se cometen, en lo
relativo a la lengua, en la fase de diseño
de las aplicaciones. Como podrá verse, en general
estos problemas se derivan de una concepción
naïve del lenguaje humano y de las lenguas naturales.
En el artículo proponemos una clasificación
de los problemas mencionados, ilustrándolos
con ejemplos reales tomados de algunos proyectos de
traducción y adaptación de aplicaciones
elaborados por el Servicio de Traducción de
la Universidad del País Vasco.
Antes
de continuar, hemos de subrayar el hecho de que con
extremada frecuencia las aplicaciones informáticas
se le entregan a la traductora en forma de meros listados
de ítems en los cuales no pueden utilizarse
memorias de traducción (así ha ocurrido
la mayoría de las veces en la experiencia de
quienes firman este trabajo). Dicho de otro modo:
la traductora no traduce pantallas, sino listados
de palabras, grupos de palabras o frases clasificadas
por orden alfabético (los contenidos de bases
de datos, en realidad). El rastreo necesario para
saber en qué pantalla aparecerá cada
ítem y combinado con qué otros elementos
(es decir, la búsqueda del contexto) costará
muchos sudores a la traductora, además de revelarse
del todo imposible en numerosas ocasiones. En efecto,
hay que recordar que estos productos suelen tener
unas dimensiones gigantescas, de tal forma que la
traductora se puede enfrentar a volúmenes de
trabajo como 14.600 etiquetas, formadas de una o más
palabras (por ejemplo, profesor asociado, validar,
sí, al, del, asignatura);
más de 4.300 mensajes (por ejemplo, El profesor
ya tiene asignado un horario); unos 3.443.000
contenidos de tablas (contenidos correspondientes
a los menús desplegables); los textos de las
ayudas a las usuarias (es decir, los contenidos que
aparecen al pulsar el botón de "ayuda" en el
programa), los manuales de uso...
En
términos generales, son tres los tipos de defectos
que generan infinidad de problemas a la traductora:
1.- la estructuración
de los textos a traducir.
2.- la mala calidad de la lengua utilizada
como idioma de origen.
3.- los defectos en el diseño de la
interfase.
1.
Estructuración de los textos a traducir
Como
hemos mencionado, los materiales a traducir suelen
estar organizados en bases de datos. Eso significa,
en primer lugar, que la traductora se verá
privada de un elemento imprescindible para su trabajo,
como es el contexto. Pero además, cuando el
producto no está internacionalizado, existen
determinados fallos estructurales en la organización
de la información que hacen imposible una traducción
de calidad.
1.1.-
Polisemia y propagación de los términos:
en ocasiones, y fruto de decisiones arbitrarias, los
ítems tienen una sola entrada o registro en
la base de datos, aunque después vayan a estar
presentes en más de un lugar dentro de la aplicación:
el término en cuestión se toma de su
registro y se propaga a todos los lugares del programa
en que deba aparecer. En otras palabras: si en un
lugar de la aplicación aparece la palabra "banco"
con el significado de 'asiento' y en otro con el significado
de 'institución financiera', en la base de
datos el término no figurará más
que una sola vez, y la aplicación lo tomará
de ahí para llevarlo a todos los lugares del
programa en que deba figurar. No ha de olvidarse,
por otro lado, que la traductora se enfrenta a un
listado de ítems, y por tanto, en principio
ignora si cada uno aparecerá en la aplicación
con uno, dos o más significados. De entre los
miles de ejemplos que podríamos presentar,
escogeremos el de un término harto corriente
en el medio universitario: la palabra "curso"
tiene en vasco al menos tres traducciones, dependiendo
de su significado (año académico: "curso
2005-2006"/nivel de estudios: "primer curso"/periodo
de formación: "curso de francés"),
y eso restringiéndonos a su uso en el contexto
académico.
Cualquier
persona con una mínima conciencia lingüística
se dará cuenta inmediatamente del problema:
por mucho que en la lengua escogida como idioma de
inicio un sólo término exprese dos o
más significados, eso no tiene por qué
ocurrir en el idioma de destino. En consecuencia,
la traductora deberá seguir el rastro al término
pantalla por pantalla, para ver a qué lugares
se ha propagado, deberá comprobar si en cada
caso la traducción es la correcta, y en aquellos
en que no lo es, tendrá que intentar arreglar
el desaguisado con "remiendos" en una fase
de post-edición, eso sí, avisando de
ello previamente a las diseñadoras del programa
(para que le permitan conservar una traducción
en unos casos y otra en otros). Cuando la aplicación
es de reducidas dimensiones quizá sea posible
llevar a cabo este trabajoso proceso, pero cuando
el programa es gigantesco la traductora no podrá
controlar a cuántos lugares se ha propagado
cada cadena de texto.
1.2.- Univocidad forzada: "a
cada ítem de la lengua de inicio le corresponde
un ítem en la lengua de destino (y sólo
uno)". Si bien solucionar la polisemia es siempre
labor ardua y casi imposible, no es éste el
mayor de los problemas. En efecto, a menudo los programas
están diseñados partiendo de la errada
idea de que a cada ítem de L1 le corresponde
un y sólo un ítem en L2.
Supongamos que en una de esas tablas
la traductora se encuentra con la etiqueta departamento.
Este término puede tener al menos dos acepciones:
una, la referida a la unidad organizativa universitaria
(como en la expresión Departamento de Matemática
Aplicada; a este departamento en vasco se le denomina
"saila"), y la otra, la que hace mención
a la organización territorial del estado francés
(como cuando decimos, por ejemplo, Departamento
de los Pirineos Atlánticos, en vasco "departamentua").
El término en cuestión aparecerá
en diversas pantallas con significados distintos (con
el primero cuando se refiera a los departamentos universitarios
y con el segundo en las pantallas en que haya que
introducir una dirección postal), pero, como
ya hemos indicado, en la base de datos la etiqueta
tiene una única entrada, por lo que será
muy difícil o quizá imposible que la
traductora pueda solucionar el problema. Es cierto
que en ocasiones la astucia de la traductora se agudiza
hasta límites insospechados, y puede llegar
a inventarse "trucos" para engañar al programa.
Por ejemplo, si un término tiene dos significados
(pongamos por caso el citado departamento),
la traductora puede pedir a la programadora que genere
una nueva etiqueta, exactamente igual a la anterior,
pero con un espacio en blanco al principio (#departamento),7
para que el programa las interprete como etiquetas
distintas; la traductora traduciría la nueva
etiqueta con la segunda acepción, con lo que
habría conseguido que en la base de datos hubiera
dos etiquetas iguales con dos traducciones distintas
(departamento: saila; #departamento:
departamentua). Pero, ahí no termina
el calvario: recordemos que la traductora no tiene
modo de saber de antemano a qué pantallas se
propagará dentro de la aplicación cada
una de las etiquetas.
Cuando hay ambigüedad sintáctica,
esto es, cuando una misma forma puede desempeñar
más de una función sintáctica,
ocurre algo parecido a lo que sucede con la polisemia.
En castellano la palabra "informe" puede
ser sustantivo, pero también verbo (además,
se produce el sincretismo de dos verbos en una sola
forma: la de la tercera persona del singular del presente
de Subjuntivo y la de la segunda persona del singular
del Imperativo). Una sola etiqueta de castellano precisaría
tres posibles traducciones en vasco: "txostena"
(informe con el sentido de 'documento'), "adieraz
ezazu" (con el sentido de 'comunique usted')
y "adieraz dezala" (con el significado de
'que ella comunique').
Las diversas tipologías de
las lenguas ponen también en evidencia el absurdo
de esta exigencia de univocidad. En castellano, como
es sabido, las relaciones sintácticas son expresadas
por la posición de los sintagmas y el uso de
preposiciones, mientras que el vasco, sin embargo,
se sirve de sufijos de declinación. Esto significa
que en castellano la forma del sustantivo no varía
de acuerdo con su función sintáctica:
"El curso dura dos horas/He terminado
el curso/No puedo con el curso/Le ha
dado un nuevo giro al curso". En vasco,
por el contrario, el sustantivo toma diferentes terminaciones
según el caso en que se encuentre: ikastaroak
('el curso+ergativo') / ikastaroa ('el
curso +nominativo') / ikastaroarekin ('el curso
+ sociativo'/ ikastaroari ('el curso + dativo')
... Por lo tanto, si una aplicación informática
ha sido diseñada siguiendo la tipología
de una lengua como el castellano, y si además
exige una sola traducción para cada ítem
de la lengua original, cuando la traductora encuentre
en su listado de elementos a traducir la palabra febrero,
la traducirá probablemente por otsaila
('febrero+nominativo'). Entonces, si en el programa
aparece en castellano una fórmula como:
Desde
[nombre del mes1] hasta [nombre del mes2],
cuando
esta estructura se alimente con los ítems contenidos
en la base de datos en castellano, la frase generada
aparecerá correctamente en la pantalla:
Desde
febrero hasta marzo
Pero,
sin embargo, en vasco cuando la misma fórmula:
[1.
hilabetearen izena](e)tik [2. hilabetearen izena](e)ra
se
alimente con los ítems en vasco almacenados
en la base de datos, el sistema generará la
frase siguiente:
*Otsaila(e)tik
martxoa(e)ra.8
La
solución no sería traducir febrero:
otsail, porque en tal caso se generarían
resultados como:
Convocatoria:
febrero
Deialdia:
*otsail9
Continuando
con los problemas creados por un diseño ligado
a determinada tipología lingüística,
hemos de mencionar los que surgen cuando ciertas características
morfológicas particulares son tratadas como
"universales". En castellano la morfología
del sustantivo presenta marcas diferenciadas de género
y número, mientras que el vasco carece de moción
de género en el sintagma nominal (aunque sí
lo presenta en algunas formas verbales), y la marca
de número se aglutina con el sufijo de caso.
Así las cosas, la traductora se verá
en una difícil situación cuando se enfrente
a la traducción de:
Académicos
Académicas
En
efecto, en vasco tendríamos la misma traducción
para ambas formas (ya que no hay género), pero,
puesto que el programa obliga a la univocidad (es
decir, no acepta que un ítem de origen tenga
dos traducciones en la lengua de destino y viceversa),
en el caso de que tradujésemos ambas etiquetas
de la misma manera, el programa borraría automáticamente
una de ellas junto con su traducción. Por consiguiente,
cuando la etiqueta "salvada" tenga que combinarse
con otras en las pantallas, se producirán,
inevitablemente, errores de concordancia (por ejemplo,
"méritos académicos", "*instituciones
académicos").
La
rigidez del programa obliga a la traductora a realizar
auténticas piruetas, pues las decisiones arbitrarias
(en el sentido técnico de la palabra, es decir,
tomadas según la conveniencia) adoptadas desde
la perspectiva de un determinado idioma, suponen un
enorme desgaste y una gran pérdida de tiempo
para quien traduce. Volviendo a nuestros ejemplos,
la traductora puede encontrarse con que las diseñadoras
han establecido una diferencia léxica arbitraria
para distinguir dos conceptos. En nuestro caso, para
expresar la idea de que una asignatura puede ser de
las que exigen asistencia al aula o, por el contrario,
puede cursarse a distancia, han seleccionado la palabra
tipo (tipo: presencial/no presencial).
Por otra parte, para expresar la diferencia entre
asignaturas obligatorias, optativas etc., han optado
por la palabra clase (clase: obligatoria/optativa...).
Así pues, la traductora encontrará entradas
como éstas en su listado:
Tipo
Clase
A
primera vista, cualquier vascohablante diría
que la traducción más corriente para
ambas etiquetas es mota. Ahora bien, recordemos
que la estructura del programa impide asignar la misma
traducción a dos etiquetas distintas. La traductora
deberá armarse de su lupa de investigadora
y tratar de averiguar qué idea se oculta realmente
bajo cada una de estas designaciones (en su listado
sólo ve los ítems "tipo" y
"clase", no sabe nada más), y, no
sólo eso: habrá de descubrir cuáles
son las "respuestas" posibles a cada una de estas
etiquetas (o sea, cuáles son los posibles "tipos"
y "clases" de asignaturas). Una vez hecho esto, deberá
tomar una decisión arbitraria para diferenciar
también en vasco estas dos etiquetas, y tendrá
que apuntar detalladamente en su cuaderno secreto
de traductora cómo ha traducido (y por qué)
cada una de ellas. Y es que las decisiones que adopte
para ellas repercutirán en todas las demás
etiquetas que contengan esos términos.
2.
Calidad lingüística
Para
una correcta localización del software, es
fundamental que el texto original presente una calidad
lingüística cuidada. Es preciso aclarar,
antes de nada, que con el término calidad no
nos referimos aquí a la elegancia de estilo
o a las filigranas expresivas; lo que queremos decir
es que a la hora de redactar el texto original deben
evitarse las imprecisiones, errores, textos ininteligibles
o incoherencias (entendidas como falta de homogeneidad
en el texto). Y es que estos defectos acarrean infinitas
consultas e investigaciones por parte de la traductora,
hasta el punto de que a veces la traducción
de una sola etiqueta puede llevarle numerosas horas
e incluso días. Veamos algunos ejemplos de
los principales problemas derivados del uso de una
lengua no controlada en el texto de origen:
2.1.-
Lenguaje ininteligible
1.-
Castigar si destino es abandonable incorrecto
Ciertamente
debe de ser difícil llegar a escribir algo
así, pero este ejemplo -que haría ruborizarse
al mismísimo André Breton con su "cadáver
exquisito"- es real como la vida misma.
2.-
COFROS
Tras
vanas consultas en diccionarios y glosarios, y cuando
la traductora había optado por hacer quinielas
entre "Confederación Orgánica de
Facilitadores, Responsables y Observadores Sociópatas",
"Compañía Ominosa de Fraudes, Robos,
Ofensas y Similares" o vaya usted a saber qué,
por fin se hizo la luz: la palabra estaba mal escrita.
En realidad la etiqueta debía decir Cobros,
con "b" y en minúsculas.
3.-
Informe el dpto con el que desea conectar
їHay
que comunicarle al departamento que una se va a conectar
con él? Pero, en ese caso, debería ser
al departamento, їno? їTengo que "informar
el departamento"? (їEs un departamento informe?)
їQué es "informar"? їQué es
"conectar"?
4.-
El idioma inglés ha sido registrado en el sistema.
No olvide actualizar las descripciones de los idiomas
ya existentes en el sistema para el nuevo idioma.
їQué
son las "descripciones de los idiomas"?
їHay que describir los idiomas? Por ejemplo: "Vasco.
Idioma del País Vasco. Su sistema vocálico
consta de cinco vocales. En cuanto a las consonantes...".
Por supuesto, no es eso lo que el mensaje quiere comunicar,
sino que si se desea registrar otro idioma en el sistema,
tendrá que especificarse cuál es ese
idioma en el lugar apropiado del programa. Sin embargo,
la traductora tendrá que hacer muchas pesquisas
para poder desentrañar el misterio y hacer
una traducción adecuada.
2.2.- Incoherencias terminológicas
Si
no se utiliza una terminología homogénea,
si en el idioma de inicio no se utiliza siempre el
mismo término para expresar el mismo concepto,
esto puede causar confusiones y malentendidos, pues
la traductora (o la usuaria) no sabrá si se
han empleado términos distintos para indicar
cosas diferentes o si simplemente en la fase de diseño
cada programadora ha utilizado su propia terminología.
Si la traductora cree que esa variedad terminológica
está motivada, puede llegar a realizar traducciones
forzadas y extrañas en un esfuerzo por reflejar
las supuesta diferencia semántica, cuando en
realidad no hay tal. Nos encontramos, pues, ante el
problema de la sinonimia inmotivada, es decir, el
llamar a cada cosa de más de una manera sin
que haya razón para ello.
Año/Curso
académico
Clase
asignatura/Clase de la asignatura/Clase de asignatura
Grabar/Validar/Guardar
Aviso/Nota/Mensaje
Lo
mismo sucede cuando se usa la polisemia arbitraria,
es decir, la polisemia resultante de una terminología
no controlada. Por ejemplo, en un programa se utilizó
la siguiente fórmula
Forma
de acceso
con
diferentes significados en diferentes puntos de la
aplicación:
- En
un caso para expresar el tipo de autorización
(alumna, profesora...) con la que la usuaria entraba
en el programa (dependiendo de su tipo de autorización
tendría acceso a unos módulos y no
a otros)
y
-
para expresar la vía por la que la estudiante
había entrado a la universidad (superando las
pruebas de Selectividad, el examen para mayores de
25 años...).
En
castellano el texto será siempre el mismo para
ambos significados, pero si la traductora ha traducido
ese forma de acceso como erabiltzaile mota
(literal: 'tipo de usuaria') en la suposición
de que ése era su único significado
en la aplicación, esta traducción no
será válida para las pantallas en que
la expresión tenga el otro significado. Además,
como cada etiqueta tiene una sola entrada en la base
de datos, por mucho que sea polisémica, para
cuando la traductora se dé cuenta del desastre
ya no podrá corregir todas las ocurrencias
de la traducción errónea, salvo que
esté dispuesta a arriesgar su cordura.
Es
claro, pues, que la labor terminológica es
de gran importancia en este aspecto. De acuerdo con
Angelika Ottmann (Ottmann 2003) deberían tomarse
en cuenta los siguientes extremos:
- Antes
de comenzar el proyecto habría que especificar
y establecer la terminología en la lengua
de inicio. Lo mismo habrá que hacer con las
abreviaturas, puesto que el uso de abreviaturas
heterogéneas puede acarrear problemas no
sólo para la traductora, sino para las mismas
usuarias de la aplicación. Esta tarea la
deberán realizar las responsables lingüísticas
(terminólogas o redactoras técnicas).
El segundo paso, también previo al diseño
del programa, sería determinar el término
que se utilizará en el idioma de destino
para cada concepto. Esta labor la realizarán
las terminólogas y traductoras de la lengua
de destino (un equipo bilingüe de responsables
lingüísticas podría realizar
ambas tareas).
- La
terminología ha de ser constantemente controlada,
para verificar que se utiliza correctamente (o sea,
para garantizar que se mantiene la terminología
establecida al principio) en todas las fases del
diseño y en todos los puntos del programa
(i.e., a lo largo del tiempo y entre todos los miembros
del equipo de diseño).
- Para
evitar errores ortográficos o variantes ortográficas
de los términos, la terminología establecida
habrá de almacenarse en una base de datos
controlada y limitada, para que todas las programadoras
tomen de ella todos los términos de forma
automática (sin necesidad de tener que escribirlos
cada vez que los necesiten). De no hacerlo así,
pueden darse casos como los siguientes:
País
de nacimiento/Pais de nacimiento/País nacimiento
Grupo
Asignatura/Grupo asignatura/Grupo-asignatura/Grupo
de asignatura
- En
la base de datos se harán los menores cambios
posibles, pues estos proyectos suelen ser de gran
tamaño y es muy difícil -y, por tanto,
muy caro- controlar todos los cambios y la incidencia
de estos en la totalidad. En cualquier caso, puede
suceder que a lo largo del proyecto sea necesario
efectuar alguna modificación, sea porque
es necesario añadir un nuevo término,
porque algún otro estaba mal definido etc.
En tal caso, la modificación habrá
de hacerse de forma centralizada y controlada en
la lengua de inicio, y comunicárselo de inmediato
a las traductoras. Un ejemplo ilustrará qué
es lo que sucede cuando no se procede así.
Si
en una fase del proyecto se ha definido la etiqueta
Datos del alumno la traductora, probablemente,
lo habrá traducido al vasco como Ikaslearen
datuak. Supongamos que posteriormente las diseñadoras
del programa deciden utilizar en su lugar la etiqueta
Datos personales, pero no se lo comunican a
las traductoras, por lo que
1.-
Las traductoras encuentran dos etiquetas distintas
pero no saben si se refieren o no al mismo concepto.
2.-
El término Datos personales es un
hiperónimo de Datos del alumno, y, por
tanto, más amplio que éste ("datos
del alumno" sería un subconjunto de "datos
personales"); por tanto, la traducción
hecha previamente no será válida en
los casos en que la etiqueta Datos personales
aparezca en una pantalla referida al profesorado,
por ejemplo (ya que la traducción decía,
literalmente, 'datos del alumno').
3.-
їCómo controlar, por otra parte, el impacto
de este cambio? No se ha de olvidar que en aplicaciones
de este tipo la repercusión de cada etiqueta
es enorme: la etiqueta aparecerá en su correspondiente
pantalla de la aplicación, pero, además,
también en todos los mensajes relacionados
con ella, en los avisos, en las pantallas de ayuda,
en el manual de uso del programa... Recordemos que
las etiquetas son una especie de listado de nombres
y que la aplicación las toma de esa base de
datos para componer todos los mensajes y textos que
aparecerán en las pantallas.
2.3.-
Incoherencia fraseológica
El
problema de la coherencia fraseológica es parecido
al expuesto con relación a la terminología.
La expresión ha de ser clara y de fácil
compresión (Ўen atención también
a las usuarias de la lengua original!). Un mismo concepto
debe expresarse siempre de la misma manera en todos
los mensajes y expresiones: antes de comenzar a diseñar
el programa hay que especificar al máximo el
lenguaje controlado que se utilizará en la
aplicación, cada programadora o partícipe
del proyecto no puede utilizar los términos
y la fraseología que le parezcan (Bernaola,
Morales, Payros 2003). De no hacerlo así, tanto
las traductoras como las usuarias de la lengua de
origen encontrarán variantes que no producirán
sino confusión:
1.-
Debe introducir la fecha de nacimiento/Debes
introducir alguna materia/Es obligatorio
entrar el código de población
| 2.-
Fecha anterior/fecha inferior |
fecha superior/fecha posterior |
3.- Cuenta bancaria incorrecta/Cuenta
bancaria erronea
Si
la lengua de origen está controlada, la traductora
podrá beneficiarse de las ventajas de la memoria
de traducción (con todos los riesgos, eso sí,
de traducir sin contexto), pero si se hace uso de
variantes arbitrarias como las que pueden leerse más
arriba, la TM no le servirá de nada.
2.4.-
Expresiones elípticas
En
las interfases de las aplicaciones informáticas
a menudo se expresan oraciones enteras mediante elipsis
de una sola palabra. Si recordamos que la traductora
no ve sino una lista, entenderemos fácilmente
los problemas de ambigüedad y polisemia causados
por esto. Para ilustrarlo con un ejemplo, supongamos
que en un lugar de la aplicación se ha utilizado
la etiqueta Preinscripción (S/N) para
resumir la siguiente pregunta: їHa realizado el alumno
la preinscripción? Sí/No'. La traductora,
teniendo esto en cuenta, ha proporcionado la siguiente
traducción:
|
Preinscripción |
Izena
emanda (lit.: 'está preinscrita') |
|
(S/N) |
(B/E) |
El
problema es que en otro lugar de la aplicación
la misma etiqueta Preinscripción figura
con otro significado: aparece junto a un icono para
indicar que si pulsamos ese botón el sistema
nos llevará a la pantalla en la que se hace
la preinscripción. Por lo tanto, en este segundo
caso, la etiqueta es una elipsis de la frase 'Ir a
la pantalla de preinscripción', y la traducción
propuesta por la traductora no sería adecuada.
La
traductora deberá saber, pues, con exactitud
como se utilizará la etiqueta, para determinar
cuál es la traducción que se ajusta
mejor a su significado. Como hemos señalado,
cuando la aplicación es de proporciones gigantescas
el control de la propagación de una etiqueta
es una tarea extremadamente difícil, casi imposible.
En cualquier caso, el programa tampoco permitirá
que la traductora dé más de una correspondencia
en la lengua de destino a una misma etiqueta...
2.5.-
Etiquetas y cadenas de texto desprovistas de sentido
Hemos
dicho ya que, debido a la estructura del programa,
la traductora se ve obligada a traducir un listado
de ítems sin ningún contexto. Lo que
ignora es que con frecuencia el programa combina algunos
de estos ítems para formar unidades más
grande (por ejemplo, combinando la etiqueta fecha
de inicio, la etiqueta y y la etiqueta
fecha de finalización se puede generar
la etiqueta fecha de inicio y fecha de finalización).
De este pequeño detalle se dará cuenta
al navegar por las pantallas y, para su terror y desesperación,
advertirá también otra cosa que le erizará
los cabellos: que muchas veces las etiquetas no se
combinan para formar unidades "autónomas"
sino unidades dependientes de otras superiores, es
decir, trozos de oración. Un ejemplo mostrará
lo que queremos decir:
La
traductora ha encontrado en su lista estas etiquetas
(mezcladas con otras muchas y no en este orden, sino
en orden alfabético), y las ha traducido como
aparece en la columna de la derecha, aunque, a decir
verdad, algunas le han parecido totalmente carentes
de sentido:
| 1.
El alumno |
ikaslea |
|
2.
que cursa actualmente |
gaur
egun ikasten |
|
3.
estudios en el centro |
ikasketak
ikastetxean |
|
4.
ha solicitado |
eskaria
egin du |
|
5.
ingreso en la UPV |
EHUn
sartzea |
|
6.
para las siguientes Titulaciones: |
ondoko
titulazioetarako: |
Combinando
estas unidades en ese orden, en castellano se genera
una oración impecable, que, efectivamente,
encontramos en una de las pantallas del programa:
10
El
alumno que cursa actualmente estudios en el centro
ha solicitado ingreso en la UPV para las siguientes
Titulaciones:
Este
procedimiento refleja una burda intuición de
la recursividad del lenguaje natural, es decir, la
capacidad de generar infinitas oraciones combinando
un número limitado de elementos, pero, por
decirlo de una manera suave, es absolutamente naïve
suponer que las combinaciones se realizan de modo
paralelo (en el mismo orden y aplicando las mismas
reglas morfosintácticas) en todos los idiomas.
No hay más que ver la monstruosa e incomprensible
oración que se genera en vasco:
*Ikaslea
gaur egun ikasten ikasketak ikastetxean eskaria egin
du EHUn sartzea ondoko titulazioetarako:
Resulta
evidente que es imposible traducir así, pues
el resultado carece de sentido. Nuevamente, la única
solución sería que programadoras y traductoras
colaborasen para cambiar el diseño del programa.
2.6.-
Uso de variables
Siguiendo
con la cuestión de la combinación de
elementos, cuando se diseñan estos programas
a menudo se hace uso de variables (campos del tipo
%1%), es decir, de símbolos a los que se les
asignan después diversos valores. Esto es particularmente
frecuente en los mensajes y avisos. El sistema rellena
estos campos variables con sus datos, dependiendo
del mensaje o aviso que deba componerse en cada caso:
1.
El profesor %1% ya tiene asignada una clase para
el %2% de %3%
2.
No existe la vía de acceso %1% %2%
Este
tipo de estructuras presentan dos problemas principales:
a) No
es fácil comprender el significado del mensaje,
pues no hay forma de conocer con seguridad a qué
dato sustituye cada variable, lo cual presenta una
grave dificultad para encontrar la traducción
adecuada.
b) El
vasco es una lengua que se declina, por lo que muchas
veces no es posible traducir este tipo de mensajes,
puesto que la traductora ignora qué contenidos
aparecerán en los campos variables, y además,
como su propio nombre indica, estos variarán,
con toda probabilidad. їCómo determinar qué
sufijo de declinación corresponde en cada caso?
Tomemos
el ejemplo propuesto más arriba. Una de las
oraciones que se podría generar a partir de
esa estructura es la siguiente:
- El
profesor Pedro Etxebarria ya tiene asignada una
clase para el cuatro de marzo
La
traductora tendrá los contenidos del campo
%3% traducidos, probablemente, de la siguiente
forma: urtarrila, otsaila, martxoa, apirila...
Si
ha interpretado la oración en el sentido
indicado por el ejemplo de arriba, la traducirá
de la manera siguiente con las variables (cambiando
el orden de los campos, para expresar la fecha
con el formato correcto en vasco):
%1%
irakasleak badu eskola ordu bat zehaztuta %3%ren
%2%(e)rako
Por
tanto, la oración completa se generará
de modo automático como sigue:
Pedro
Etxebarria irakasleak badu eskola ordua zehaztuta
martxoaren 4(e)rako
Pero
їqué sucede si la traductora ha errado
en sus suposiciones y los contenidos de los campos
variables son totalmente diferentes, por ejemplo
tales como para generar la siguiente frase?:
- El
profesor ayudante ya tiene asignada una clase
para el grupo-prácticas de Francés
En
este caso, la estructura definida por la traductora
generaría oraciones incorrectas como:
*Laguntzaile
irakasleak badu eskola ordua zehaztuta Frantsesaren
praktika-talde(e)rako
3.
Problemas ligados al diseño de la interfase
No
nos cansaremos de decir que para poder hacer su trabajo
correctamente, la traductora precisa saber con exactitud
en qué lugar de la aplicación aparecerá
cada cadena de texto o cada elemento, por un lado
para saber con seguridad el significado de cada ítem
(ya hemos visto en las secciones anteriores los problemas
derivados de traducir sin contexto) y, por otro, para
identificar los cambios formales que es necesario
hacer en la interfase. Por consiguiente, la traductora
debería tener la posibilidad de ver las ventanas,
menús desplegables, cajas de texto, imágenes
animadas, mensajes etc. Por ejemplo, dependiendo de
la longitud de los textos, con frecuencia será
necesario ampliar o reducir los espacios donde se
insertan, o cambiar los tipos de letra u otros rasgos
tipográficos, desplazar elementos etc., de
acuerdo con las convenciones y exigencias de la lengua
y cultura de destino.
3.1.-
El problema del espacio
En
las aplicaciones que no han sido internacionalizadas,
durante todo el proceso se toma como referencia la
lengua según la cual se ha configurado el programa,
incluyendo el diseño de la interfase que verán
las usuarias. Así, a la hora de distribuir
el espacio en las pantallas, se tienen en cuenta las
necesidades de la lengua de referencia, sin prever
en qué forma incidirá esto en la versión
traducida, de tal modo que la traductora encontrará
que a veces le sobra espacio (un mal menor) y otras,
por el contrario, le falta. Igualmente, en ocasiones
se generarán cajas de texto de aspecto extraño,
en las que al texto le precede un enorme espacio vacío,
mientras que la parte final del texto se sale de los
límites de la caja o queda cortada por excederlos.
3.2.-
Abreviaturas
Por
motivos de espacio, a veces se utilizan abreviaturas
en la lengua de origen. Cada idioma tiene sus convenciones
sobre la forma y el uso de abreviaturas, de lo que
se sigue que cuando un programa está diseñado
siguiendo la estructura y normas de un idioma determinado
(en nuestro caso, del castellano) las abreviaturas
suponen otro quebradero de cabeza para las traductoras,
particularmente teniendo en cuenta que el vasco es
una lengua declinada y sufijada, y, que, por tanto,
gran parte de la información semántica
y gramatical se concentra al final de palabra. Véanse
algunas de las abreviaturas usadas en español
en la aplicación en cuestión:
|
Profesor |
Prof. |
|
Asignaturas |
Asig. |
|
Docencia |
Docenc. |
En
castellano estas abreviaturas pueden ser útiles
para introducir información de manera breve
y clara en espacios limitados, particularmente cuando
las usuarias conocen la materia de que se trata y
pueden identificar con facilidad a qué textos
corresponden. En vasco, sin embargo, nos encontramos
con que palabras como irakaslea (profesora),
asignatura (irakasgaia) y docencia (irakaslana)
tienen la misma raíz. їCómo reducirlas
al número de caracteres impuesto por la abreviatura
castellana, de modo inteligible y útil para
la usuaria?
A
éste hay que sumarle otros problemas relacionados
con las abreviaturas. En efecto, el que una cadena
de texto sea larga en un idioma no significa que haya
de serlo también en el otro, o, dicho de otro
modo, el hecho de que en uno sea necesario recurrir
a la abreviatura no significa que haya que hacerlo
también en el otro.
En
castellano hay una gran diferencia en el número
de caracteres de estas dos formas, pero їy en vasco?
La forma no abreviada del equivalente a 'departamento'
es saila; їqué forma tendrá la
traductora que inventarse para la abreviatura? їSail.?
No parece que tenga mucho sentido, sobre todo porque
la forma reducida y la normal tienen el mismo número
de caracteres. Entonces їqué? їsa? їQuizá
sai?11
Lo
más propio en este caso sería, por supuesto,
no recurrir a la abreviatura en vasco, puesto que,
además de no ser necesario, no se ahorrarían
caracteres (en tanto queramos usar una abreviatura
identificable para la usuaria). No obstante eso será
imposible, por los motivos expuestos más arriba
(la regla de oro de la traducción de esta aplicación
era "una etiqueta: una correspondencia y sólo
una"). Así pues, la traductora tendrá
que dejar de lado el sentido común y continuar
siguiendo servilmente los dictados de la versión
de origen.
3.3.-
Abreviaturas arbitrarias
Si
bien es cierto que en ocasiones las abreviaturas son
un recurso adecuado para reducir el número
de caracteres, a veces se utilizan sin ningún
sentido ni regularidad (incluso llega a parecer que
sólo obedecen al afán por teclear más
rápido). Veamos los siguientes ejemplos:
F.
ren. usu.
S.
Profesor
їQué
significan estas etiquetas? En estos casos es muy
difícil saber a qué corresponden las
formas abreviadas, y, por tanto, traducirlas. Sea
como fuere, hay que decir que las dificultades de
comprensión no afectan únicamente a
las traductoras, sino también, con toda probabilidad,
a las usuarias, lo que producirá problemas
en el uso de la aplicación. Por lo tanto, las
diseñadoras deberían reflexionar sobre
si tiene realmente ventajas insertar un texto largo
en un espacio reducido si a cambio de ello se termina
confundiendo a las usuarias, y deberían considerar
si no sería más conveniente adaptar
el programa a las necesidades de las usuarias y no
al revés.
Conclusiones
En
este artículo hemos tratado de mostrar el tremendo
problema que presenta para la traductora la localización
de un producto no internacionalizado. Por otra parte,
por arduos que sean los esfuerzos invertidos en la
tarea, el resultado será siempre de pobre calidad
y tendrá un elevadísimo coste en tiempo
y trabajo, además de afectar muy negativamente
a la moral de la traductora. Y es que, como decía
el título de este trabajo con un humor ligeramente
amargo, si la escoba es mala, difícilmente
se podrá mantener limpia la casa.
-
La primera conclusión, pues, es evidente:
es necesario fabricar buenas escobas. En estos
tiempos de globalización, y, particularmente,
en sociedades bilingües como la vasca, es inaceptable
que las empresas diseñadoras de productos informáticos
se mantengan al margen de las exigencias de internacionalización
y localización, y más aún cuando
proclaman a los cuatro vientos, como a menudo sucede,
el carácter bilingüe o multilingüe
de sus productos. Una conocida empresa vasca que ha
diseñado un programa que se diría ingeniado
para torturar traductoras denomina con orgullo "multidioma"
a una aplicación rígida e inadaptable
hasta las lágrimas. La experiencia nos ha enseñado
(y cualquiera puede verlo, con sólo navegar
un poco por la red) que en el País Vasco la
mayor parte de las empresas informáticas adolecen
de una ignorancia supina en este ámbito.
En
la mayoría de los casos parten de una equivocada
concepción atomista de las lenguas naturales,
según la cual una lengua está constituida
por una lista de elementos aislados, el contexto está
absolutamente ausente y todos los idiomas son paralelos
en estructura y léxico, eso sí, tomando
siempre como referencia una determinada lengua que
sería el centro del universo y que, casualmente,
es la de la programadora. Como hemos expuesto a lo
largo del artículo, por un lado es absolutamente
necesario que la configuración básica
del producto sea independiente de la estructura de
cualquier idioma. Por otro, en lo que se refiere al
idioma que se utilice en la aplicación, es
un requisito básico que las diseñadoras
utilicen un lenguaje controlado. Insistimos en que
eso no tiene nada que ver con tópicos estúpidos
del tipo "las personas de ciencias escriben muy
mal, mejor harían en leer a los clásicos".
Al hablar de lenguaje controlado nos referimos a un
subconjunto del lenguaje natural al que se le han
aplicado determinadas restricciones en la sintaxis
y el léxico, con el fin de evitar ambigüedades,
incoherencias, imprecisiones y variantes arbitrarias.
En caso de ser necesario hacer alguna modificación
en ese conjunto de términos y expresiones bien
definidas, esos cambios deberían ser objeto
de un control estricto y comunicárselos inmediatamente
a las traductoras para que ellas controlen la repercusión
de dichas alteraciones en su versión.
-
La segunda conclusión tiene que ver
con quien compra la escoba, sobre todo cuando
lo hace con el dinero de toda la comunidad: antes
de acudir al mercado, es necesario ponerse bien al
día en cuestión de escobas. Y es que,
si es cierto que numerosas especialistas de la informática
desconocen la internacionalización y la localización,
qué podemos decir de ciertas autoridades de
las administraciones públicas del País
Vasco. Lamentablemente, en los concursos públicos
convocados para el diseño de productos informáticos
específicos para nuestras instituciones, son
contadas las veces (en realidad, sería más
exacto decir jamás) en que se establece
como requisito que las empresas licitadoras tengan
experiencia y preparación en el terreno de
la internacionalización y localización.
Normalmente se adquiere un producto totalmente monolingüe
(en el mejor de los casos, una base de datos, en el
que se ha dejado un casillero libre al lado de cada
ítem de la lengua original, para que la traductora
escriba su correspondencia en la lengua de destino),
para después dejar ese producto mortífero
en manos de las traductoras, con una absoluta tranquilidad
de conciencia, por cierto. Es entonces cuando comienza
el calvario de la traductora, el gasto de toneladas
de energía, trabajo y tiempo, y la desesperación
de saber que, haga lo que haga, el resultado final
será inevitablemente malo. No obstante, como
ciudadanas, es tiempo de que preguntemos si es realmente
lícito que el dinero público se gaste
de esta manera en productos de mala calidad. Es del
todo necesario que las instituciones, particularmente
las públicas, tomen conciencia del problema
y establezcan políticas generales en este campo,
para exigir el cumplimiento de una serie de requisitos
a las empresas que se encargan del diseño de
productos bilingües (o multilingües), como
corresponde a una sociedad bilingüe como la nuestra.
-
La tercera conclusión se refiere a quien
debe adecuar/localizar la escoba en su trabajo,
es decir, a la traductora. Una y otra vez hemos insistido
en el tremendo sufrimiento que esta situación
produce al equipo de traducción, y no hemos
exagerado ni un ápice. Sin embargo, para poner
fin a esta situación no podemos limitarnos
a denunciarla. Debemos estar dispuestas a hacer tres
cosas:
-.
En primer lugar, a realizar una labor educativa, dando
a conocer por todos los rincones la buena nueva de
la internacionalización y la localización,
principalmente cerca del oído de quien tenga
capacidad de decisión, y del modo más
sencillo y claro posible.
-.
En segundo lugar, debemos comprometernos firmemente
en la exigencia de unas condiciones mínimas
|