La
falta de consenso a la hora de definir el concepto de
competencia en traducción. (Delisle, 1999; Orozco,
2000).
Después
de realizar el experimento llegan a la conclusión
de que las estrategias que siguen los profesionales
y los académicos están basadas en modelos
de varios niveles de análisis del texto original
y de los textos meta que engloban, a su vez, modelos
derivados de ramas de la Lingüística tales
como la Semiótica, la Pragmática, la
Semántica y la Estilística. Hay tendencias
nuevas de investigación en competencia traductora
como las de Orozco (2000) y Lauscher (2000) que animan
tanto a las instituciones académicas, las organizaciones
internacionales y como a las agencias a desarrollar
unos criterios comunes para la evaluación de
la traducción que se adaptarían posteriormente
al propósito de la traducción en cada
ámbito.
Otras
investigaciones importantes en este contexto son las
del grupo PACTE (2003) que investigan el funcionamiento
de la competencia traductora, tanto en traductores
profesionales como en hablantes bilingües no
profesionales en un entorno virtual, donde el profesor
puede controlar el proceso a través de un entorno
virtual y con una combinación de varios idiomas;
Barbosa y Neiva (2003) validan la utilización
de los TAPs para identificar problemas de traducción
en grupos de estudiantes y de traductores profesionales
y Somers (2003) defiende la incorporación de
las técnicas de traducción automática
a la evaluación de las traducciones. En definitiva,
y como afirma White (2003), la evaluación de
la traducción ha de desarrollarse en dependencia
de las nuevas tecnologías, que son a la vez
objeto de aprendizaje e instrumento de medición.
One
of the things we might say in common about all the
evaluation types is that their method must be designed
and done carefully, to control for the sources of
variance, Most of the types takes time, effort and
coordination to perform. Some way to automate some
or all of the evaluation types would be extremely
beneficial for the field, allowing for the critical
choices of all the stakeholders to be made much more
rapidly and consistently [...] Whatever new methods
may emerge, and whatever methods will ultimately be
unnecessary, it is clear that evaluation will remain
very near the center of MT awareness. (White, 2003:
241)
El
proceso traductor en sí se puede dividir, según
la mayoría de los traductólogos y traductores
profesionales, en varias fases que se pueden denominar
i) preparación, ii) realización y iii)
valoración (Wilss, 1988: 37), pudiéndose
subdividir en i) lectura y análisis del texto
a todos sus niveles (decodificación en el plano
temático, textual y funcional, terminológico,
fraseológico, cultural, etc.) y documentación
ii) redacción de la traducción (codificación)
y iii) control de calidad mediante revisión y
corrección por medio de criterios de calidad
(Palomares Perraut, 2003).No todos los traductores pasan
por la totalidad de tales fases o en este orden, pero
suele ser lo más habitual, por razones de lógica.
Los problemas que se observan en cada fase son en i)
dificultades para comprender el texto por razones 1a)
lingüísticas, 1b) culturales, 1c) del tema
del texto, 2a) problemas de concentración y 2b)
problemas de decodificación relacionados con
falta de pensamiento analítico; en ii) dificultades
para redactar la traducción por razones 1a) lingüísticas,
1) culturales, 1c) del tema del texto, 2a) problemas
de concentración y 2b) problemas de codificación
relacionados con falta de pensamiento sintético.
7
La
primera fase del proceso abarca el subproceso cognitivo
de comprensión lectora y el subproceso de documentación
que, a su vez, presuponen un buen conocimiento de
la lengua en la que está redactado el texto
y capacidad analítica para reconocer las ideas
y los problemas claves del texto, además de
seleccionar las fuentes de información pertinentes.
Para documentarse correctamente, se debe saber cómo
manejar herramientas informáticas como navegadores
de internet, bases de datos en línea, etc.
(Arevalillo, 2003b).
La
segunda fase consiste en la redacción de un
borrador de la traducción, para lo que el traductor
necesita muy buenos conocimientos en la lengua meta,
pero también debe estar versado en la utilización
de herramientas que agilizan el proceso traductor,
como son, por ejemplo, las memorias de traducción,
programas para la traducción de páginas
web, archivos Power Point, entre otras (Arevalillo,
2003b)
Para
la tercera fase, la valoración o revisión
del trabajo, de nuevo son de importancia las subcompetencias
nombradas en el apartado anterior.
En
un segundo paso, reunimos afirmaciones recientes de
estudiosos y profesionales del ámbito de la
traducción referente al perfil que el mercado
laboral espera de un traductor. Es un enfoque más
pragmático que el anterior, aunque estrechamente
ligado con el mismo por las conclusiones que se extraen
para la enseñanza y la evaluación de
la traducción. Al respecto hemos de subrayar
sobre todo las aportaciones de autores como Hurtado
(1996, 1999), Corpas (2001) Munday (2002), Arevalillo
Doval (2003b) y Corpas y Varela (2003). Todos ellos
apuntan a que la enseñanza de la traducción
necesita ajustarse más a las necesidades del
mercado, una observación que se deriva también
de la experiencia de algunos de ellos como traductores
profesionales. Así, las principales exigencias
de una empresa de traducción (al traductor
freelance) pueden resumirse en:
-rapidez
y diligencia en el trabajo,
-
conocimientos informáticos comunes (procesadores
de texto y, en general, el paquete de Microsoft Office)
y de programas de ayuda a la traducción (memorias
de traducción, programas de ayuda para la traducción
de archivos en formatos especiales como PowerPoint,
html, etc.),
-
conocimientos de edición y revisión,
-
capacidad para documentarse adecuadamente.
En
resumidas cuentas, se reitera la importancia de disponer
de un buen dominio de las TIC (Tecnologías de
la Información y de la Comunicación),
cuya importancia para mejorar la calidad de la enseñanza
y el aprendizaje en el ámbito académico
ha sido profusamente tratada en la monografía
de Maier y Warren (2000). Por descontado, se le presuponen
al traductor buenos conocimientos lingüísticos
y de traducción (dominio de: lengua, terminología/terminografía,
géneros textuales, técnicas de traducción,
cultura de la lengua meta, etc.). Es importante mencionar
que también se enumeran habilidades emocionales
y sociales como la capacidad de soportar estrés
y de trabajar en grupo (para el traductor autónomo
o freelance, de colaborar con el revisor).8
Finalmente, el traductor que desee desarrollar un cargo
directivo dentro de una empresa de traducción
o, incluso, dirigirla él mismo, debe demostrar
tener capacidad para la gestión de proyectos
y conocimientos de control de calidad. En un trabajo
reciente Newmark (2004) llama la atención sobre
la imperiosa necesidad de cuidar la calidad de las traducciones
mediante una evaluación seria. Señala
como indicio de falta de conciencia de esta necesidad
el desconocimiento por parte de la mayoría de
los evaluadores de los criterios de evaluación
del Institute of Linguists International Diploma in
Translation.9
Kiraly
(2000: 30 ss.) distingue al respecto entre expertise
y professionalism. El primer concepto incluiría
todo el conocimiento necesario para realizar una traducción,
por tanto, no solo las teorías y las técnicas
de traducción, sino también el saber
manejar todas las nuevas tecnologías que pueden
ser necesarias y convenientes utilizar en el proceso
de traducción. El segundo se referiría
a la habilidad con la que el traductor se mueve en
el mundo profesional y a competencias como las de
negociar con el cliente, respetar los plazos y de
reconocer si un trabajo supera el volumen de palabras
por día que se es capaz de traducir por día.
Aunque Kiraly no las mencione, otras competencias
necesarias serían el saber llevar la propia
contabilidad y conocer estrategias de marketing
para poder llegar a nuevos clientes.
3.2.2.
Dado que el enfoque de nuestra acción seguía
una línea marcada por los acontecimientos recientes
en el ámbito de la política educacional,
coincidió que en el marco de un proyecto presentado
a la ANECA por la totalidad de los diecinueve centros
universitarios (públicos y privados) de España
que ofertan actualmente la licenciatura de Traducción
e Interpretación se confeccionaran encuestas
de contenido similar.10
Por lo tanto, consideramos que no debíamos dividir
la atención de los interrogados consiguiendo
que, ante la avalancha de preguntas, no contestaran
ninguna de las encuestas, solo una o sin auténtico
interés y, a la vez, podíamos avanzar
más rápidamente en la investigación,
sirviéndonos de tales resultados.
Éstos
se pueden resumir de la siguiente manera:11
la mayoría de los ex-alumnos se quejaba de una
preparación insuficiente para la vida profesional,
las empresas de traducción lamentaban que los
licenciados que solicitaban trabajo no se hubieran especializado
en ninguna materia, y todos coincidían en que
era esencial dominar a un alto nivel tanto la lengua
materna como las lenguas de trabajo y disponer de una
buena capacidad de análisis y síntesis.
3.2.3.
Hacia una propuesta de evaluación en traducción
Siendo
un hecho indiscutible que la evaluación forma
parte del proceso de enseñanza-aprendizaje, es
necesario, sin embargo, preguntarse por el porqué,
es decir, por el sentido y el objetivo de la evaluación.
Después de que repasáramos el estado de
la cuestión de la evaluación en traducción,
consideramos importante ocuparnos de la evaluación
desde un punto de vista pedagógico general. Distinguimos,
primeramente, los principales tipos de evaluación:
la sumativa12
y la formativa (Lara Ros, 2001). La sumativa es la más
común y conocida; es la que se lleva a cabo al
final de una etapa formativa (al final de un curso,
de un año académico, etc.) y que coincide
comúnmente con la mencionada evaluación
final. En este caso, lo más importante es la
demostración de ciertos conocimientos mediante
una prueba realizada durante un tiempo limitado y, casi
siempre, sin medios auxiliares o con unos que son muy
limitados (por ejemplo, el uso de diccionarios en un
examen de traducción). La función de tal
evaluación quiere ser la de comprobar los conocimientos
adquiridos durante el período de enseñanza-aprendizaje.
Sin embargo, muchas veces se transforma en una herramienta
de medición relativa, ya que en un examen final
no se pueden verificar ni todos los conocimientos enseñados
ni todos los adquiridos a causa de la limitación
temporal necesaria junto a la concreción imprescindible
de preguntas o ejercicios que el examinador debe establecer
mediante una selección de entre toda la materia
impartida (que nunca podrá librarse de un mínimo
de subjetividad). Así, la evaluación formativa
se opone la evaluación sumativa, pues su objetivo
primordial no es tanto llegar a una apreciación
taxativa de los conocimientos de un alumno, sino apoyarlo
en su proceso de aprendizaje con una evaluación
continua, lo que equivale a evaluaciones frecuentes
e informadas, con un feedback que le ayude a
entender y corregir sus fallos.
Por
tanto, la evaluación no debería consistir
únicamente en un acto final de valoración
del rendimiento, que en el caso de las asignaturas
de traducción serían la corrección
y valoración de una o varias traducciones,
sino que desempeña en el proceso de enseñanza-aprendizaje
una importante función para orientar y realizar
juicios de valor necesarios para tomar decisiones
de diferente índole a lo largo de todo el proceso
con el fin de perfeccionarlo si fuera necesario (de
Camilloni, Celman, Litwin y Palou de Maté,
1998).
Volviendo
sobre el tema de la evaluación de la traducción,
y ante los resultados de 3.2.1. y 3.2.2. que coincidían
en que las subcompetencias pragmáticas son de
suma importancia para el traductor, resaltando entre
las más importantes las relacionadas con el uso
de las nuevas tecnologías, pensamos que a las
TIC se les debería conferir un mayor peso en
la enseñanza y, por lo tanto, también
en la evaluación. Al respecto destacamos los
trabajos en Heredia Manrique (2002), Fernández
Sierra (2002), Álvarez Méndez (2002) y
Padilla Carmona (2002) y Rabadán y Fernández
Nistal. Estas últimas establecen un sistema de
corrección con criterios precisos, haciendo énfasis
en el proceso de la traducción y el fomento de
la autoevaluación continua (2002: 42-43). Proponen
atender en la evaluación más a los procedimientos
empleados que al resultado obtenido, y ofrecen una serie
de herramientas basadas en las nuevas tecnologías
de la información y los estudios de traducción
que capacitarían al alumno a ser conscientes
de las dificultades y a encontrar soluciones a los problemas
de traducción. Abogan por una evaluación
que ha de ser continua, y específicamente se
refieren a la corrección en el aula como un buen
instrumento para las tareas de reescritura, comparación
y evaluación. Sin embargo, remitiéndose
a su experiencia, coinciden en que la corrección
individual de las tareas de traducción propiamente
dichas ofrece mejores resultados (ibíd.:133).
Esta reflexión coincide con el sentir del colectivo
de profesores en el análisis de los resultados
de la investigación de Kiraly (2003)13
en la que clientes envían encargos auténticos
a los alumnos de traducción, y éstos piden
al profesor que corrija sus trabajos. Los profesores
que llevan a cabo este proyecto reconocen que la constante
revisión de encargos individuales conlleva mucho
más esfuerzo, pero que tiene grandes ventajas
para la calidad de la docencia.14
No
podemos olvidar las últimas aportaciones en líneas
similares de Campbell y Hale (2003) que critican la
evaluación sumativa que sirve para elaborar una
política de evaluación en las instituciones
académicas que se basan demasiado en el error,
pudiéndose observar un asombroso desconocimiento
de estrategias para enseñar métodos correctos.
Aseguran que la evaluación de la traducción
se encuentra en una fase incipiente y que sería
deseable que se trabajase conjuntamente con otras disciplinas
como la traducción asistida por ordenador, los
estudios culturales, la lexicografía y los procesos
cognitivos15.
Llaman la atención sobre el nivel de dificultad
del material de evaluación como una variable
que se ha de tener en cuenta a la hora de ponderar la
fiabilidad de la evaluación.
Como
respuesta a esa necesidad de revisar los criterios
existentes y buscar otros nuevos, consideramos fundamental
la aportación de Sawyer (2004) que, aunque
más orientado hacia la interpretación,
ofrece un modelo de investigación interdisciplinario
tanto para la traducción como para la enseñanza
de segundas lenguas. Enfoca su modelo hacia la combinación
del currículum y de la evaluación en
los campos de la Lingüística y de la Tecnología,
y ofrece casos prácticos.
Debemos
también tener en cuenta que los esquemas y
los criterios de evaluación hasta cierto punto
consolidados se pueden ver alterados por fenómenos
como la globalización y el uso del inglés
como lingua franca, y deben ser revisados. House (2003)
apunta a un cambio importante en la traducción
de textos científicos del inglés al
alemán: han perdido el denominado "filtro cultural",
incluyendo algunas características léxicas
y morfosintácticas que reflejan normas de redacción
de la lengua inglesa. Esta realidad que constituye
la globalización (Cronin: 2003) puede poner
en peligro la identidad de lenguas minoritarias debido
al poder económico de ciertos países;
pero por otro lado fomenta el movimiento de la población
mundial y la integración en comunidades distintas
a la suya propia. De ahí que Cronin (2003:123)
pronostique que el papel del traductor será
crucial en el futuro para facilitar las relaciones
entre distintas culturas. Utilizando metáforas
califica a los traductores en la nueva era como «the
angels of transmisión» y «the eagles of the
profesional aviary in the new economy». Señala
también el papel fundamental de organizaciones
como la Unión Europea en favor de salvaguardar
y promocionar el uso de las lenguas minoritarias.
Asegura que estamos condenados a ser diferentes y,
por eso mismo, la traducción tiene un futuro
esperanzador. Toda la obra gira en torno a las nuevas
tecnologías y el deber de los traductores de
integrarlas en los procesos de enseñanza y
evaluación de la traducción. Los estudios
de Traducción no deben quedarse atrás,
pues todas las disciplinas están ya realizando
esfuerzos para integrar el uso de las TIC en sus métodos
de trabajo. (Troya Linero et al: 2004).
Vistas
las necesidades de enseñanza y aprendizaje
en 3.2.1. y 3.2.2., y atendiendo a lo que, por tanto,
consideramos objetivos primordiales de la enseñanza
en la licenciatura de Traducción e Interpretación,
nuestra propuesta de evaluación va encaminada
a que el docente proponga un mayor número de
trabajos que reflejen el grado de adquisición
de subcompetencias fundamentales por parte del alumno,
haciendo especial hincapié en las TIC. Luego
incluiríamos entre las subcompetencias el dominio
de estrategias de búsqueda de información
en internet, el saber compilar un corpus textual,
la correcta utilización de una memoria de traducción,
el conveniente empleo de programas de ayuda a la traducción
para archivos de texto en formatos especiales, por
sólo nombrar algunas. Todo ese conocimiento
es especialmente pertinente para la labor del futuro
traductor y, a la vez, puede evaluarse con un alto
grado de objetividad. Este enfoque, por supuesto,
es complementario al de la enseñanza de otros
conocimientos y subcompetencias que, conjuntamente,
forman la competencia traductora. Sin embargo, para
cursos más avanzados (especialmente para el
último de la carrera), consideramos conveniente
profundizar en la práctica de subcompetencias
técnicas que facilitan al alumnado la orientación
hacia el mercado laboral.
De
hecho ya existen algunos avances loables en esta dirección
como, por ejemplo, el entorno de trabajo de traducción
jurídica de la universidad Jaume I desarrollado
por Borja Albi y Monzó Nebot (2001)16.Las
autoras, en calidad de profesoras, tratan de acercar
al alumnado a la traducción jurídica utilizando
la web ofreciendo contenidos fijos así
como en un entorno virtual BSCW17
como eje de comunicación y compendio de recursos
(tanto documentales como de otras TIC); todo ello en
el marco de la simulación pedagógica de
todas las fases que implica un encargo profesional de
traducción. Toman este modelo de Bolaños
(1999) y de los resultados obtenidos en la universidad
de Las Palmas de Gran Canaria. Aquí sería
importante resaltar dos aspectos esenciales tanto en
la docencia como en la evaluación. Por un lado,
la importancia de que se establezca un entorno simulado
de la realidad laboral, esto es, de la relación
cliente- traductor entre alumno y profesor, junto a
la colaboración entre compañeros como
equipo y, por otro, que el sistema permita al profesor
tener acceso a todas las versiones anteriores al producto
final y pueda hacer un seguimiento de las diferentes
fases del trabajo del alumno. Esta posibilidad facilita
la evaluación, puede abrir nuevas vías
de orientación al alumno durante el proceso y
proporciona criterios sólidos para la valoración
del producto final.
Tras
estas reflexiones, coincidimos en que para una evaluación
adecuada es de suma importancia recordar que los objetivos
deben guiarse por la realidad profesional, y que la
situación de evaluación también
debe emularla lo más posible. La(s) tarea(s)
comprendidas en la evaluación tienen que formularse
en un enunciado inteligible y, si es posible, de forma
contextualizada. Finalmente, es conveniente que el
alumno conozca al principio del proceso de su aprendizaje
el baremo que el docente aplicará a las diferentes
tareas, para que pueda adaptarse mejor a las exigencias
con las que se le confronta.
Hacemos
nuestra la afirmación de Hurtado Albir (2001:
160) de que los criterios de corrección necesariamente
tienen que recibir una ponderación, ya que
sólo así pueden ser lo suficientemente
flexibles para convertirse en un instrumento objetivo
de evaluación (v. tb. Waddington, 2000).
En
la selección del material de las distintas
unidades didácticas, partimos de las siguientes
consideraciones:
- demanda
general del mercado local y global, combinación
lingüística y demanda de la dirección
(directa, inversa)
- especialización
y conocimientos del docente (formación y
experiencia profesional)
- variedad
(en la tipología textual, en el género,
en la situación comunicativa,...)
- utilización
de nuevas tecnologías
Así,
pues, elaboramos unidades didácticas que incluyeran
especialmente este último punto. Les dedicamos
tres de los nueve créditos de la asignatura,
que formaron parte de la calificación global
final que se compuso, por partes iguales, de tres
factores: la participación del alumno y los
trabajos evaluados durante el curso (los trabajos
correspondientes a los tres créditos especificados)
y el examen final. Asimismo, por primera vez se les
iba a permitir a los alumnos utilizar durante el examen
final los recursos propios que hubieran elaborado
durante el curso y herramientas electrónicas
(internet, diccionarios electrónicos, bases
de datos, etc.). Queríamos comprobar si, confiriendo
mayor peso a subcompetencias no estrictamente lingüísticas,
pero que sí influían en la calidad de
la traducción, se conseguían unos resultados
evaluativos más positivos.
3.2.4.
A continuación pusimos a prueba la validez
de nuestro criterio de evaluación mediante
su uso experimental en un curso cuatrimestral de Traducción
Especializada (alemán-español-alemán).
Consideramos a este grupo especialmente idóneo
ya que la asignatura presenta gran dificultad para
los alumnos, pues acceden a la licenciatura sin ningún
tipo de conocimiento previo del idioma, en el tercer
y cuarto año de la carrera ya no tienen ningún
curso de lengua alemana, y en el cuarto año
de la licenciatura se les pide que traduzcan textos
especializados de ámbitos como la Economía,
el Derecho o la Medicina, tanto al español
como al alemán, como indica la misma denominación
de la asignatura. Asimismo, en el examen final deben
traducir dos textos especializados, uno de ellos al
alemán. Por eso no es de extrañar que
un gran número de alumnos suspendan a causa
de la prueba de traducción inversa. Por eso,
queríamos observar si, haciendo más
hincapié en el aprendizaje del uso de herramientas
electrónicas de documentación que ayudan
a la traducción en aspectos como la terminología
y la fraseología, esenciales para una redacción
fluida e idiomática de un texto especializado,
así como insistiendo en el trabajo en equipo
para los trabajos correspondientes a los tres créditos,
podíamos apoyar el proceso de aprendizaje de
las subcompetencias traductoras en general.
Resumiendo
el experimento: el grupo de control estuvo compuesto
por 50 sujetos del cuarto y último curso de
la licenciatura Traducción e Interpretación,
alumnos de la asignatura cuatrimestral Traducción
Especializada (alemán-español-alemán)
de 9 créditos. Tres de dichos créditos
debían obtenerse mediante tareas contenidas
en unidades didácticas que implicaran el uso
de herramientas o estrategias relacionadas con las
nuevas tecnologías, y a las que los alumnos
habían sido introducidos previamente. Tales
unidades didácticas con sus tareas no se ofrecían
en conjunto, sino al término de diferentes
bloques temáticos, atendiendo así al
objetivo de una evaluación continua. Las unidades
se encuentran brevemente descritas en el anexo.
Para
dos unidades didácticas pedimos que las traducciones
se efectuaran en grupo con objeto de que los alumnos,
acostumbrados a un ambiente académico y social
extremadamente individualista, aprendan a colaborar,
lo cual implica igualmente que deben adquirir subcompetencias
como el saber comunicarse, ser capaz de justificar
una propuesta de traducción, de encontrar un
término medio e, incluso, de ceder. Estas subcompetencias,
como ya comentamos anteriormente, son relevantes para
el traductor cuando trabaja en equipo.
La
calificación final, como hemos dicho, se componía
de una tercera parte de la evaluación del procedimiento
instrumental (grado de conocimiento del uso de las
herramientas y su correcto empleo) en cada unidad
así como en otro tercio del examen final que
incluía la utilización de las herramientas
confeccionadas (corpus, documentación electrónica,
glosarios). Esta innovación en la evaluación
también trajo un cambio en las calificaciones
globales de los alumnos, como demuestra la siguiente
tabla.
|
Convocatoria |
Nota
media |
nº
de alumnos presentados a convocatoria |
| 2000/2001 |
4,92 |
26
|
| 2001/2002 |
6,58 |
32 |
| 2002/2003 |
5,7 |
35 |
|
2003/2004 |
7,23
|
32
|
Las
variaciones se deben a una ponderación diferente
de los contenidos, en los que esta vez primaron competencias
pragmáticas, tales como el uso correcto de
herramientas informáticas, la capacidad de
trabajar bajo condiciones temporales reales o una
colaboración exitosa entre los miembros de
un grupo de trabajo en el que los puntos débiles
de cada uno podían contrarrestarse con los
fuertes de los demás. Esta ponderación
encuentra su justificación en los componentes
instrumentales y humanos exigidos al perfil del traductor
tanto por parte de los traductólogos como de
los traductores profesionales y del mercado.
Igualmente,
estos resultados nos refuerzan en nuestra convicción
de que una evaluación final no puede reflejar
con exactitud lo que el examinado realmente ha llegado
a aprender, pues puede poseer conocimientos y competencias,
adquiridas en el período de enseñanza-aprendizaje
al que se aplica la evaluación, que no se midan
en ésta, así como condicionantes situacionales
que mengüen su capacidad de recuerdo y respuesta
correcta o adecuada (mientras que en otros examinados
puede suceder incluso todo lo contrario), desde la
formulación de las preguntas hasta la misma
persona del examinador, pasando por dificultades individuales
del examinado, como puede ser el bloqueo en situaciones
de examen (escrito y/u oral), una indisposición
pasajera (como, por ejemplo, un catarro), etc.
3.2.5.
El anexo contiene las cuatro unidades didácticas
a las que hacemos referencia en 3.2.4. y que se corresponden
a los tres créditos que se evalúan aparte.
4.
Conclusiones
Las
consecuencias prácticas de nuestro proyecto
para la evaluación serían, en primer
lugar, que ésta no sólo debe centrarse
en el producto final (traducción), sino también
en el proceso y sus diversas fases que han llevado
a obtener tal producto y valorando la selección
y el uso de herramientas y útiles. En definitiva,
se hace imprescindible desarrollar nuevas actividades
y metodologías evaluativas, y dar un giro de
ciento ochenta grados respecto a cómo se enfocaban
hasta ahora la formación y la evaluación
del futuro traductor. Como tal, la evaluación
no debería ceñirse a la calificación
de exámenes a final de curso, sino acompañar
el proceso de enseñanza-aprendizaje. Nuestra
propuesta se basa en incluir en la evaluación
la selección de estrategias adecuadas a la
solución y la demostración de un buen
nivel de las subcompetencias exigidas en el mercado.
Un enfoque por (solución de) problemas resulta
adecuado para poder llegar a un diagnóstico
apropiado de los errores en la(s) estrategia(s) seleccionada(s)
para la solución de la tarea traductora. Aquí
no se centra la atención en el producto, como
en el enfoque por tareas, sino en el proceso de producción
que está caracterizado por una serie de toma
de decisiones, o bien soluciones que se deben dar
a problemas concretos (Levy, 1967; Reiss, 1981; Hönig
y Kussmaul, 1984). De esta manera, la clasificación
y baremación del error ayuda al evaluado no
sólo a comprender cuál hubiera sido
una solución acertada y por qué, sino
también la forma de evitar en un futuro en
contextos diferentes errores de la misma naturaleza,
aplicando la(s) estrategia(s) adecuadas. Así,
el valor del aprendizaje es mayor, dado que no está
sujeto a una palabra, frase, expresión o un
contexto concreto presentados en la situación
evaluativa, sino que la identificación de un
problema y de las soluciones que se le dan se puede
abstraer y obtener una solución generalizable
a un tipo de problema.
5.
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