Panorama de la mediación intercultural
y
la traducción/interpretación en los
servicios públicos en España
1
By
Dora Sales Salvador, Ph.D.2
Grupo CRIT
Departamento de Traducción y Comunicación
Universidad Jaume I de Castellón, Spain
dsales@trad.uji.es
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Pues es nuestra mirada la que muchas veces
encierra
a los demás en sus pertenencias más
limitadas,
y es también nuestra mirada la que puede liberarlos.
Amin Maalouf (1998: 33)
1.
Introducción: Inmigración, interculturalidad,
necesidades comunicativas... el derecho a entender
y hacerse entender
Hoy
en día vivimos en un mundo globalizado pero
contrastivo, donde constantemente se producen choques
y encuentros entre diversas maneras de percibir, comunicarnos
y vivir. Las necesidades comunicativas (interlingüísticas
e interculturales) en entornos múltiples demandan
respuestas. Nos proponemos dar cuenta de dos de ellas,
para observar cómo se interrelacionan y se
retroalimentan: el ámbito de la mediación
intercultural y el de la traducción/interpretación
en los servicios públicos.
|
Por el momento,
las licenciaturas de Traducción e Interpretación
en España no ofrecen formación
específica en traducción e interpretación
en los servicios públicos.
|
El
mediador intercultural es una nueva figura que va emergiendo
paulatinamente en distintas partes del mundo, al tiempo
que en los estudios de traducción e interpretación
cobran cada vez más relevancia las investigaciones
dedicadas a la vertiente más social y comprometida
de la práctica traductora, la que revela con
mayor claridad la vocación de servicio de la
traducción/interpretación. Con todo, el
mediador es algo más que un traductor/intérprete,
pues la traducción/interpretación es sólo
un aspecto de la mediación, que se perfila como
una modalidad de intervención social. Desde una
perspectiva descriptiva, observaremos el actual panorama
en mediación intercultural y traducción/interpretación
en los servicios públicos en España, destacando
las investigaciones más relevantes llevadas a
cabo hasta ahora, así como las acciones formativas
puestas en marcha.
El
punto de partida de este interés en torno a
la comunicación intercultural y la inmigración
se inserta en el marco de la investigación
que hemos venido desarrollando desde el Grupo CRIT
(Comunicación y Relaciones Interculturales
y Transculturales),3
donde estamos comprometidos con el fenómeno
de la inmigración, desde el respeto a las diferencias,
pues consideramos que puede llegarse a un espacio
común de intercambio intercultural a través
de la comunicación, la traducción y
la mediación. La cultura, como canal comunicativo,
puede aprenderse, enseñarse y compartirse.
Si nos damos cuenta de que es posible conocer la cultura
de los demás, y dar a conocer la nuestra, es
posible evitar o, al menos, cuestionar, comportamientos
y actitudes racistas.
Hasta
la fecha, CRIT se ha centrado en el estudio de la
interacción comunicativa entre inmigrantes
y españoles, los problemas que ésta
conlleva y, principalmente, la posibilidad de superarlos
mediante un conocimiento de comunicación intercultural
(Grupo CRIT, 2003; Ortí, 2004; Raga, e.p.;
Raga y Sales, e.p.).
El
conocimiento y estudio sobre la comunicación
intercultural se vuelve cada día más
necesario teniendo en cuenta que lugares como España,
Portugal o Italia, que han sido países tradicionalmente
de emigración y que hasta ahora sólo
contaban como rutas de paso para los emigrantes que
se desplazaban a otros países más al
Norte, se convierten de manera progresiva en lugares
de destino, en países de inmigración
(extracomunitaria). Esta situación revela las
necesidades y carencias de la sociedad receptora de
grupos inmigrantes, en especial en lo relativo a la
comunicación y convivencia entre culturas.
La dramatización del fenómeno de la
inmigración en España, sobre todo a
nivel mediático, que en numerosas ocasiones
tan sólo la representa metonímicamente
a través de las pateras, las redes de explotación
y situaciones como las de El Ejido, tomando así
la parte por el todo, sirve de cortina de humo que
nubla una realidad que abarca innumerables factores
y que a muchos les hace olvidar que:
(...)
las migraciones no son cosas, ni los inmigrantes son
mercancías. Son seres humanos con sus aspiraciones
y sus necesidades, sus costumbres y rasgos culturales,
sus dificultades actuales y su voluntad de futuro.
Por tanto, hay que integrar el fenómeno migratorio,
no sólo como variable económica, sino
también como realidad humana destinada a modificar
la sociedad de acogida, al modificarse a sí
misma (Goytisolo y Naïr, 2000: 52-53).
El
inmigrante es un sujeto con derechos y obligaciones.
Si bien es cierto que a la población inmigrante
se le exige que atienda a las normas y deberes de
los ciudadanos del país en el que residen,
no lo debería ser menos que tienen derechos
como usuarios de los servicios sociales, pues cotizan
en este país y con su trabajo contribuyen al
nivel de bienestar colectivo, por no hablar de quienes
trabajan sin papeles y sin contrato en la ahora llamada
"economía sumergida". El acceso igualitario
a los servicios públicos como derecho humano
fundamental implica también el derecho a entender
y ser entendido en cualquiera de estos servicios.
Y lamentablemente este derecho se minusvalora o incluso
se vulnera en situaciones cotidianas.
2. La mediación intercultural
La
mediación intercultural es un fenómeno
bastante reciente, que en España no cuenta
con mucho más de diez años. De hecho
se trata de una figura que aún no está
del todo definida, ni siquiera regularizada profesionalmente,
pues aunque la figura del mediador intercultural ya
está reconocida por el Ministerio del Interior
-según Real Decreto 638/2000 de 11 de mayo-,
a efectos prácticos esto no se nota nada. Hoy
por hoy no existe un título oficial de mediador
intercultural, ni un sistema de formación y
acreditación. La mediación intercultural
suele estar relacionada con el ámbito del trabajo
social, y las pocas iniciativas formativas en este
campo, contando o no con apoyo académico universitario,
se han puesto en marcha desde ONGs y servicios sociales
de ayuntamientos. Pero, Ñ—qué es la mediación
intercultural? Veamos una definición al respecto,
por parte de Carlos Giménez Romero (1997: 142):
Entendemos
la Mediación Intercultural -o mediación
social en contextos pluriétnicos o multiculturales-
como una modalidad de intervención de terceras
partes, en y sobre situaciones sociales de multiculturalidad
significativa, orientada hacia la consecución
del reconocimiento del Otro y el acercamiento de las
partes, la comunicación y comprensión
mutua, el aprendizaje y desarrollo de la convivencia,
la regulación de conflictos y la adecuación
institucional, entre actores sociales o institucionales
etnoculturalmente diferenciados.
A
grandes rasgos, se habla de mediación cuando
la comunicación entre dos partes no puede llevarse
a cabo sin el puente de una tercera persona. Aquí
nos conviene dejar claro que el ámbito de mediación
que nos interesa se refiere al que se produce en los
"contextos pluriétnicos o multiculturales"
de los que habla Giménez Romero, generalmente
como consecuencia de la llegada de inmigrantes, lo
que implica la mayor parte de las veces la presencia
de varias lenguas, sistemas de valores y modelos comunicativos.
Así,
nos alineamos con la perspectiva de Marta Castiglioni
(1997), quien, centrándose especialmente en
la comunicación en ámbitos sanitarios
italianos ante la presencia de población inmigrante,
habla de mediación lingüístico-cultural.
Castiglioni reflexiona sobre la estructura y dinámica
de la mediación lingüístico-cultural
para la construcción de un modelo de intervención,
y aporta una visión práctica desde experiencias
en este campo en diversos servicios del área
milanesa.
Coincidimos
con Castiglioni (1997: 17; 26) al pensar que sin el
reconocimiento de los derechos civiles (irrenunciables)
no es posible que se produzca ningún proceso
de integración de la población inmigrante.
La política de inmigración necesita
partir de la consideración de que los inmigrantes
son parte integrante de la sociedad de acogida, y
por ello son también usuarios de los servicios
públicos. En este contexto, la mediación
lingüístico-cultural supone un espacio
de prevención de conflictos, permitiendo la
expresión de la demanda, descodificándola
y traduciéndola en términos de derechos
(Castiglioni, 1997: 32). Quien media desarrolla un
tipo particular de comunicación, pues con la
intervención del mediador la interacción
se vuelve triangular. El mediador representa a los
dos interlocutores que se comunican a través
de su actuación, y se sitúa en una compleja
posición intermedia. De hecho, la primera dificultad
de la mediación lingüístico-cultural
proviene de la posición del mediador en la
comunicación a tres que viene a crearse. La
situación central que ocupa hace que corra
un doble riesgo, pues se halla entre un extremo y
el otro. Al tiempo tiene que tratar de mantener cierta
"distancia" emotiva.
Mediar
no implica sólo traducir las palabras sino
que va más allá, abarcando todos los
aspectos de la comunicación no verbal (olor,
gestos, movimientos del cuerpo, silencios, etc.),
que culturalmente son claves. En suma, se trata de
adoptar una perspectiva orquestal en cuanto a los
fenómenos comunicativos (como se plantea en
la investigación del grupo CRIT). En este sentido,
un aspecto muy relevante -que de hecho Castiglioni
(1997: 64) destaca- es que el mediador lingüístico-cultural
no sólo ejerce el papel de traductor-intérprete,
sino que es algo más, tiene que ser una persona
capaz de traducir tanto las palabras como las especificidades
culturales implicadas en toda interacción comunicativa.
Así, el mediador tiene que tener siempre presentes
un cierto número de datos de la sociedad y
la cultura a la que pertenece el interlocutor inmigrante:
estructura familiar y de parentesco, religión,
y, por ejemplo, en ámbitos sanitarios, su percepción
de lo que es salud y enfermedad y la representación
del cuerpo en su cultura. Es decir, que quien media
necesita poseer una formación (continua) en
cuanto a aspectos culturales de los grupos con los
que trabaja, documentándose de forma contrastada
y especializada.
Al
tiempo, el mediador ha de ser consciente de que no
es posible considerar al sujeto inmigrante con el
que trate en cada momento como un "miembro típico"
de su cultura. Es decir, tiene que estar atento acerca
del peligro de hablar en términos de idiosincrasia
o estereotipos (eg. Las mujeres magrebíes no
son autónomas; Los chinos son poco comunicativos)
o de culturalismo (eg. Es su cultura, son sus tradiciones).
Cabe, pues, tener en cuenta la variable personal de
cada cual y además la adaptación o cambio
que puede devenir del contacto entre culturas.
Ante
todo, el mediador interviene, construye un lenguaje
común entre las partes, despliega un papel
activo y delicado para el cual la formación
profesional adquiere un valor fundamental. Y precisamente
en el ámbito de las necesidades formativas
en torno a la mediación existen enormes carencias.
En
España, cabe destacar no obstante la labor
de algunos grupos que ya llevan un tiempo trabajando
en este campo. Así, de las iniciativas puestas
en marcha tenemos que mencionar la EMSI (Escuela de
Mediadores de la Comunidad de Madrid), en estrecha
colaboración con Cruz Roja, donde se ha venido
desarrollando, bajo la dirección de Carlos
Giménez Romero, el Programa de "Migración
y Multiculturalidad". Como resultado de la colaboración
entre EMSI y el Ayuntamiento de Madrid desde 1997
funciona el SEMSI (Servicio de Mediación Social
Intercultural), inspirado en sistemas similares de
Italia, Suecia o Reino Unido.
Otro
importante foco de atención en torno a la mediación
intercultural lo desarrollan la Federación
Andalucía Acoge y el AEP Desenvolupament Comunitari
de Cataluña, que han venido colaborando desde
1998 (VV.AA., 2002). Es importante destacar que ambas
iniciativas están en relación con el
Centre Bruxellois d'Action Interculturelle
(CBAI), que está desarrollando algunas de las
labores más interesantes en el ámbito
de la mediación intercultural a nivel europeo.
En
cuanto a aspectos formativos, la Federación
Andalucía Acoge, que surge en 1991, ha venido
llevando a cabo cursos de formación para mediadores
interculturales, contando en su punto de partida con
el asesoramiento del CBAI, en el marco del programa
europeo Horizon (1992). Por su parte, el AEP Desenvolupament
Comunitari, también en colaboración
con el CBAI, ha llevado a cabo el proyecto Alcántara,
para el diseño de la formación de mediadores/as
interculturales, de 1995 a 1998, en el marco del proyecto
europeo Leonardo da Vinci. Además, desde 1999,
los equipos de formadores de mediadores interculturales
de Andalucía Acoge y Desenvolupament Comunitari
han venido celebrando talleres conjuntos.
No
es de extrañar, pues, que la propuesta más
consistente con que contamos hoy por hoy en España
en cuanto a la mediación intercultural y los
aspectos formativos que conlleva venga de la mano
de la labor conjunta de la Federación Andalucía
Acoge y el AEP Desenvolupament Comunitari de Cataluña,
recogida en el volumen Mediación intercultural.
Una propuesta para la formación (VV.AA.,
2002), que proporciona reflexiones sobre la mediación
intercultural y un modelo pedagógico para la
organización de un curso de formación
en mediación intercultural, desde la metodología
de investigación-acción-participación.
Ante
todo, en el campo de la mediación intercultural
hace falta una progresiva capacitación y profesionalización.
Las carencias actuales en este sentido motivan que
en muchas ocasiones terminen haciendo de mediadores
familiares o amistades de los inmigrantes que necesitan
de la ayuda de un enlace, con la falta de preparación
y la tensión personal que eso puede conllevar.
Y es que los mediadores interculturales no disponen
aún de un estatuto legal en muchos países
europeos, aunque son cada vez más numerosos,
porque su labor es una demanda real y actual en todo
país que, como España, se encamina hacia
una sociedad de convivencia de culturas.
No
hay nada mejor que escuchar a una mediadora para hacernos
idea de qué es la mediación intercultural.
En este sentido, Saloua Laghrich (2004) al tiempo
que aporta reflexiones de gran interés sobre
el ámbito de la mediación intercultural
cuenta algunas de sus experiencias tras trabajar durante
cuatro años como mediadora intercultural en
la Comunidad Valenciana, concretamente en el Servicio
de Atención al Inmigrante que dependía
de la Conselleria de Bienestar Social de la Generalitat
Valenciana. Sus palabras coinciden en gran medida
con lo expuesto hasta aquí, y sirven como clarificador
resumen al respecto:
La
mediación intercultural en el campo de la inmigración
es reciente. Los primeros años se trabajaba
desde la improvisación llamando a algún
amig@ para traducir o hacer de enlace entre la administración
pública y el inmigrante. La mediación
intercultural se da siempre que hay culturas distintas
en contacto. (...)
Ñ—Es
traductor-intérprete el mediador? Por supuesto
que sí, pero creo que es algo más; es
intérprete de lenguas y lenguajes, verbales
y no verbales.
El
mediador debe estar empapado de las dos culturas,
la del país de origen del inmigrante y la del
país de acogida. Es necesaria en la mediación
intercultural una persona que conozca los giros, las
expresiones hechas, los lenguajes no verbales, los
gestos corporales, pues muchos de ellos son culturales
y facilitan mucha información sobre el estado,
la actitud o la reacción de una persona en
una situación dada. (...)
3. Traducción e interpretación en
los servicios públicos
En
pleno debate sobre las sociedades multiculturales
que se están formando a lo largo y ancho del
mundo, el papel de la traducción/interpretación
en las relaciones entre los usuarios y los proveedores
de los servicios públicos, como servicio social
de enorme envergadura, está cobrando cada vez
más importancia. En el campo de los estudios
traductológicos existe un interés creciente
a nivel educativo e investigador sobre este tipo de
actividad, que, aunque seguramente es la actividad
traductora más antigua del mundo, ha comenzado
a recibir atención académica hace apenas
menos de veinte años. Aunque la traducción/interpretación
en los servicios públicos también cubre
la traducción de documentos, en su mayor parte
se refiere a la labor de traducción oral (interpretación)
en interacciones cara a cara. La investigación
en este ámbito es reciente y comienza de forma
visible en los años noventa, pues hasta ese
momento al hablar de interpretación se entendía
de forma exclusiva la interpretación de conferencia
(Martin, 2003).
A
vista de pájaro, resumimos la situación
de la traducción/interpretación en los
servicios públicos en diversos países
del mundo, tomando los datos que aporta Valero (2003a),
antes de pasar a centrarnos en el estado de la cuestión
en España.
Australia
es el país más avanzado en este tema,
en cuanto a la profesionalización, acreditación
y formación de traductores/intérpretes
en los servicios públicos, pues ya desde los
años cincuenta empezó a dar solución
a las necesidades comunicativas de los inmigrantes
que comenzaron a llegar al país tras la Segunda
Guerra Mundial. En 1977 se creó un sistema
de acreditación nacional (National Accreditation
Authority for Translators and Interpreters, NAATI),
un paso que todavía no se ha conseguido en
casi ningún otro país. Desde Australia
surge el volumen de Gentile, Ozolins y Vasilakakos
(1996), el primer manual que aborda el papel, la función
y la práctica de la interpretación de
enlace, sus técnicas y asuntos relacionados
con este campo, desde la asunción de que las
instituciones gubernamentales tienen la responsabilidad
de ayudar a los grupos inmigrantes a asentarse satisfactoriamente
en el país en el que han escogido hacer su
vida (Gentile, Ozolins y Vasilakakos,1996: 11). En
Reino Unido es en la década de los noventa
cuando se propone la denominación de Interpretación
en los Servicios Públicos (Public Services
Interpreting) para referirse a esta actividad
de favorecer la comunicación entre las autoridades
públicas y los grupos minoritarios en la sociedad
de acogida. En los Estados Unidos existe un sistema
de acreditación, pero las lenguas en las que
se ofrece son pocas. En Canadá se cuenta también
con un sistema de acreditación y existe gran
interés investigador y educativo. En 1995 se
organizó allí el primer congreso internacional
sobre traducción/interpretación en servicios
públicos, conocido como Critical Link,4
con el fin de poner en contacto e intercambiar experiencias,
formación e iniciativas con representantes
de todo el mundo. Suecia, al igual que Australia y
Canadá, cuenta con un sistema avanzado de traducción/interpretación
en los servicios públicos, mientras que países
como Alemania y Austria muestran escaso interés,
y en los Países Bajos y Bélgica se están
poniendo en marcha iniciativas poco a poco. En Francia
no hay concienciación social seria sobre la
necesidad de la traducción/interpretación
en los servicios públicos, ni sistema de acreditación.
Finalmente, sobre Italia, España y Portugal,
Valero (2003a: 22) apunta que: "En cuanto a los países
del sur de Europa, la traducción/interpretación
en los servicios públicos está dando
sus primeros pasos y en la mayoría de los casos
se trata de iniciativas individuales, poco apoyo estatal,
escasa remuneración cuando existe, falta de
formación y de coordinación así
como de códigos éticos estandarizados".
En
España existen dos focos principales de investigación
y formación en este campo: la Universidad de
Alcalá de Henares y la Universidad de Granada.5
En la Universidad de Granada se ofreció en
1999 el primer curso de doctorado dedicado a este
tema, y desde esa universidad el grupo de investigación
GRETI ha venido desarrollando diversos estudios en
torno a la evaluación de la calidad de los
servicios prestados por los intérpretes en
servicios sociales. Pero es sin duda la Universidad
de Alcalá de Henares la que ha llevado a cabo
una labor más destacada, continuada y comprometida,
desde el Grupo de Formación e Investigación
en Traducción e Interpretación en los
Servicios Públicos (FITISPos), coordinado por
Carmen Valero Garcés (2001, 2003a, 2003b, 2003c,
2003d, 2003 ed.), que es quien más ha publicado
sobre el tema en España. Ha sido este equipo
de Alcalá el que organizó el primer
congreso sobre traducción e interpretación
en los servicios públicos en España,
en 2002, y actualmente está organizando el
segundo, previsto para abril de 2005, y es también
este grupo el que está llevando a cabo la acción
formativa pionera en este campo en España,
que comentaremos más adelante.
Con
todo, hay que hablar de la todavía escasa bibliografía
disponible en castellano,6
así como de la situación todavía
muy incipiente en la que se encuentra la formación
y el reconocimiento profesional de esta modalidad
traductora, si tenemos en cuenta que hay países
como Canadá, Australia, Suecia o Estados Unidos,
que han contribuido a su desarrollo y llevan varias
décadas aportando soluciones a las necesidades
de formación, acreditación, financiación,
elaboración y aplicación de códigos
de conducta.
Uno
de los primeros problemas de la traducción/interpretación
en los servicios públicos es su definición,
que revela la falta de acuerdo en lo relativo a la
delimitación de su campo de acción.
Existe una gran variedad de denominaciones para esta
actividad intercultural (Valero Garcés, 2003a)
Si
bien es cierto que el grupo coordinado por Carmen
Valero en Alcalá opta por hablar de traducción
e interpretación en los servicios públicos
(T/ISSPP), cabe mencionar que en la Universidad de
Granada, donde la cabeza investigadora más
visible a este respecto es la profesora Anne Martin,
se prefiere hablar de interpretación social.
Sea como sea, se refieren a una misma actividad. 7
Si
a nivel investigador todavía estamos dando
los primeros pasos, en términos prácticos
la cosa no está mejor, pues en muchas ocasiones
se trata de un trabajo voluntario sin ningún
tipo de remuneración (Martin, 2000: 210), como
también vimos que sucedía en el ámbito
de la mediación intercultural. Así,
Valero (2003d: 180) apunta que junto a los traductores
e intérpretes jurados contratados por el gobierno,
quienes colaboran como intérpretes en la mayoría
de servicios públicos (hospitales, administraciones,
escuelas, etc.) son voluntarios de ONGs, vecinos o
familiares miembros de la comunidad para la que median
e interpretan. Su labor no es reconocida, aunque son
quienes están realizando la mayor parte del
trabajo. En este sentido, opina Martin (2000: 212)
que mientras sigan siendo voluntarios será
muy difícil que se cambie el estatus de la
profesión, que se les aprecie en su justa medida
y que se les exija como a cualquier otro profesional.
Además, esta situación puede provocar
situaciones problemáticas como las que recoge
Martin (2000: 217): por ejemplo, el caso de un niño
obligado a interpretar para sus padres en reuniones
con los profesores, diagnósticos médicos
erróneos, un marido que interpreta a la esposa
que él mismo ha apaleado, una mujer que pasa
cuatro años en la cárcel hasta que un
recurso revela que el intérprete en su juicio
no hablaba el mismo dialecto que ella, etc.
Uno
de los principales problemas es que no existe un acuerdo
generalizado sobre el campo de acción de esta
actividad traductora. En opinión de Valero
(2003a: 5):
(...)
se trata de establecer la comunicación con
un público específico que responde a
una minoría cultural y lingüística,
que posee un nivel educativo y adquisitivo generalmente
inferior al de la mayoría y que, con frecuencia,
desconoce o no domina la nueva realidad social del
país en el que se encuentra.
Es
decir, que la traducción/interpretación
en los servicios públicos es un intento de
equilibrar las relaciones de poder entre el emisor
y el receptor cuando éstos se encuentran en
situaciones asimétricas, priorizando la necesidad
de comunicarse y llegar a un entendimiento positivo
para las partes implicadas.
En
lo referente al campo de acción, para Anne
Martin (2000: 208) la interpretación social
se refiere al acceso a los servicios públicos
por parte de sujetos que no dominan la lengua mayoritaria
del país. Por ello, "responde a una necesidad
social de una comunidad de inmigrantes
o personas que por diferentes razones no hablan el
idioma mayoritario y por tanto se ven perjudicadas
en su trato con la Administración y en el ejercicio
de sus derechos y deberes a la hora de acceder a los
servicios públicos".
Si
a nivel investigador y práctico la situación
está en pañales, lo cierto es que las
propuestas formativas en este ámbito reflejan
este mismo carácter, lo que repercute negativamente
en cuanto a la necesaria profesionalización
de esta actividad. Es un pez que se muerde la cola:
falta formación y un sistema de acreditación,
lo que supone un freno para que este campo se profesionalice
y sea reconocido.
En
países en los que hace tiempo se viene prestando
atención a la traducción/interpretación
en servicios públicos, como Canadá,
Australia o Suecia, se están desarrollando
nuevos programas y sistemas de acreditación
más acordes con la realidad social del momento.
Sin embargo, aunque el primer curso formativo tuvo
lugar en Australia en 1975, en sentido amplio la formación
todavía necesita de un mayor desarrollo y reflexión.
Así, aunque se ha logrado cierto nivel de profesionalismo
en algunos países (eg. Canadá, Australia,
Estados Unidos), en la mayoría de países
europeos no es éste el caso. Se ha avanzado
más en el ámbito jurídico, pero
los traductores e intérpretes que trabajan
en los hospitales y centros de salud, y los que trabajan
con inmigrantes y refugiados, tienen un camino mucho
más largo por recorrer todavía. Queda
mucho por hacer para lograr una plena profesionalización
en Europa. En España, como recalca Valero (2003a),
la situación revela una gran falta de profesionalización
en términos de acreditación y formación,
lo que, en palabras de Martin (2003: 436): "tiene
consecuencias nefastas, ya que impide, o cuando menos
compromete, el acceso por parte de determinados sectores
de la población a servicios básicos,
llegando en ocasiones a poner en peligro su integridad
física o su libertad".
El
acento ha de colocarse en las soluciones activas ante
esta realidad que supone una demanda social y también
ética. Valero (2003d; e.p.) cita las iniciativas
que representan los cursos de mediación interlingüística
ofrecidos por la EMSI (Escuela de Mediadores de Madrid),
algunas sesiones en el Máster sobre Migración
y Relaciones Interculturales de la Universidad Autónoma
de Madrid, o en el Instituto Universitario sobre Migración
de la Universidad de Comillas. Pero ante todo, cabe
destacar la acción formativa del todo pionera
en España que se ha puesto en marcha desde
1999 en la Universidad de Alcalá, dedicada
a la formación de traductores e intérpretes
para los servicios públicos en los pares de
lenguas en los que existe más demanda en la
zona centro (árabe-castellano, rumano-castellano,
ruso-castellano, inglés-castellano, francés-castellano),
y que viene siendo coordinada por la propia Carmen
Valero (http://www.uah.es/otrosweb/traduccion).
Para
diseñar un curso de formación de traductores
e intérpretes en los servicios públicos
hace falta conocer los servicios públicos en
sí mismos, sus usuarios, las personas que actúan
allí como traductores/intérpretes y
las que aspiran a ello. El grupo de investigación
y formación FITISPos de la Universidad de Alcalá
cuenta con el aval de haber llevado a cabo proyectos
de investigación y haber establecido contactos
con los servicios públicos para conocer la
realidad existente, los puntos de vista y las necesidades
de traducción/interpretación de estos
servicios, así como para conocer las necesidades
lingüísticas de los usuarios. Partiendo
de los resultados de esta investigación y del
conocimiento adquirido por los componentes del grupo,
como investigadores y como profesionales, se ha diseñado
una acción formativa que pretende ofrecer respuesta
a las necesidades a través de la combinación
de conocimiento teórico, clases prácticas
y prácticas en las instituciones públicas.
4. La necesidad de converger: Comunicación
en/para una sociedad multicultural
En
un trabajo reciente, Valero (2003d) presenta los resultados
de la distribución de dos cuestionarios entre
proveedores de servicios o profesionales de centros
de salud del norte de Madrid y entre intérpretes
en servicios sanitarios. Uno de los datos que nos
parecen más interesantes apunta que el 98%
de los intérpretes consideraba que su labor
como intermediador no es sólo la de un traductor
o intérprete entre lenguas, sino la de un mediador
que en ocasiones tiene que explicar significados ocultos
o diferencias entre culturas (Valero, 2003d: 187).
Así,
la propia Carmen Valero (2001), que desde el trabajo
en traducción/interpretación en los
servicios públicos ha ido viendo la relación
entre este ámbito y el de la mediación,
ha aludido a la figura del mediador.8
Como vimos que ya apuntaban Castiglioni (1997: 64)
y Laghrich (2004), Valero (2001: 822) asume que el
mediador es mucho más que un traductor o intérprete,
pues la traducción es únicamente un
aspecto de la mediación, que por sus necesidades
requiere formación en lenguas, en traducción/interpretación,
comunicación intercultural, tradiciones y hábitos
culturales de las diferentes culturas implicadas,
campos de especialidad relacionados con los servicios
públicos (medicina, educación, derecho,
etc.).
Frente
a la demanda de neutralidad/invisibilidad que se exige
en la profesión de traductor/intérprete,
debatida y problematizada sobre todo en los últimos
tiempos (véanse, por ejemplo, Baker, 2003;
Tymoczko, 2003), se asume que el mediador interviene
(Castiglioni, 1997: 93-94). Hoy por hoy, en el ámbito
que nos ocupa, se sabe que "(...) el traductor o intérprete
no lleva a cabo un mero trasvase lingüístico
sino que unen funciones de coordinación, mediación
o negociación de significados culturales o
sociales. El problema está en encontrar el
límite preciso de esa intervención",
en palabras de Valero (2003a: 7). Como apunta Martin
(2000: 218): "mientras que la mayoría de los
autores están de acuerdo en que la imparcialidad
forma parte integrante de la ética de un intérprete,
la realidad es que los límites de esta imparcialidad
son todavía tema de debate".
De
hecho, las investigaciones más destacadas en
interpretación en los servicios públicos,
a decir de Martin (2003: 438), son las que estudian
la interacción cara a cara entre las partes
desde la sociolingüística o el análisis
del discurso, pues a partir de estos trabajos se replantea
la supuesta invisibilidad y no participación
del intérprete, que en realidad es participante
esencial, visible co-constructor de la interacción.
En este sentido despuntan los trabajos pioneros de
Susan Berk-Seligson (1990), con un corpus de interpretación
ante los tribunales, y Cecilia Wadensjö (1998),9
quien empleó un corpus amplio de encuentros
en entornos sanitarios, legales y de servicios sociales,
para terminar demostrando que el papel del intérprete
asume dos actividades interrelacionadas: la intermediación
lingüística y la coordinación de
la conversación. Estos trabajos, entre otros,
terminan con "la visión del intérprete
como conducto imparcial que no se implica en el encuentro
ni afecta a su resultado. Para Wadensjö la pregunta
no es si el intérprete influye en el
desarrollo de la conversación, sino cómo
ejerce esa influencia" (Martin, 2003: 439). En
palabras de Cecilia Wadensjö (1998: 7): "I take
for granted that individuals, including interpreters,
are subjects who make sense in their own subjective
ways". Desde ese punto de vista, la autora no duda
en hablar, también, de la responsabilidad de
los intérpretes. No vale saber únicamente
las palabras (Cambridge, 2003: 62), pues como apunta
Wadensjö (1998: 14) la interpretación
en los servicios públicos requiere no sólo
competencia lingüística, sino también
social, y, cada vez más, competencia intercultural
(Ortí, 2004). Pues si desde la vertiente cultural
de los estudios de traducción e interpretación
se insiste desde hace décadas en que la práctica
traductora no sólo se realiza entre lenguas
sino entre culturas, esto es más cierto que
nunca en el caso que nos ocupa, donde los intérpretes-mediadores
requieren de un conocimiento intenso del contexto
social, cultural y comunicativo de ambos ámbitos
de interacción. Así, junto con la mediación
interlingüística, cobra enorme importancia
el estudio de las costumbres, creencias y patrones
comunicativos de los usuarios de los servicios públicos
procedentes de otras culturas.
La
mediación intercultural y la traducción/interpretación
en los servicios públicos tienen evidentes
puntos en común, y desde nuestra perspectiva
enriquecerían sus investigaciones y actuaciones
desde el trabajo conjunto, intercambiando experiencias,
conocimientos y propuestas. En este sentido, en la
Universitat Jaume I nos proponemos llevar a cabo una
primera toma de contacto a través de la realización
de un curso introductorio10
para el estudiantado de traducción e interpretación.
5. A modo de conclusión:
Mucho por hacer
Hemos pretendido ofrecer un
sucinto panorama de la investigación y las
acciones formativas en España en cuanto a la
mediación intercultural y la traducción/interpretación
en los servicios públicos. La situación,
hoy por hoy, podría resumirse diciendo que
existen muchos aspectos comunes en la realidad de
estas personas que sirven de puente comunicativo:
hay una creciente demanda de sus servicios que va
acompañada de una falta de formación
adecuada, control de calidad profesional, código
deontológico reconocido y remuneración
y condiciones laborales dignas.
Hace falta el apoyo decidido
de la administración local y nacional, la concienciación
de la propia sociedad sobre la necesidad de estos
servicios y el reconocimiento de la labor que estos
intermediarios desarrollan. En opinión de Martin
(2000: 220): "(...) tiene que haber un reconocimiento
general de este oficio como realidad profesional,
no sólo por parte de la Administración
sino por parte de otros muchos sectores del país.
En España todavía demasiada gente no
distingue entre el conocimiento de idiomas y la capacidad
para traducir o interpretar". En este sentido, añadiríamos
que por esa misma razón también hay
que concienciarse de que la capacidad para traducir
o interpretar no siempre posibilita la de mediar.
La del mediador/traductor-intérprete en los
servicios públicos es una nueva profesión.
Por el momento, las licenciaturas
de Traducción e Interpretación en España
no ofrecen formación específica en traducción
e interpretación en los servicios públicos.
Las próximas reformas que se avecinan a causa
de la convergencia europea, junto con el énfasis
en los programas de posgrado, se plantean como una
oportunidad para llevar la realidad y las necesidades
sociales a las aulas, para insertar la mediación
en el ámbito formativo académico especializado
y poner en práctica una interdisciplinariedad
que este campo requiere de forma evidente.
La cita de Amin Maalouf con
la que iniciábamos estos apuntes habla de la
mirada, llena de prejuicios y limitaciones autoimpuestas,
que nos impide ver a los demás tal y como son.
En ocasiones, desde las sociedades de acogida de inmigrantes
se observa con esta mirada limitadora a quienes vienen
de otra parte y son diferentes. Y es, como opina Maalouf,
nuestra mirada, esa mirada estrecha, la que puede
renovarse y aprender a ver de una manera más
amplia. En definitiva, si aprendemos a mirar sin prejuicios,
veremos que existe una realidad de coexistencia entre
culturas y lenguas que conlleva la necesidad de comunicación
intercultural. Está en nuestras manos ofrecer
soluciones a las carencias actuales y sentar las bases
del respeto y la convivencia en esta sociedad plural.
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